La Libertad Avanza avanza en el Congreso con una estrategia clara: quedarse con el control de la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia, un espacio clave para el seguimiento del sistema de inteligencia nacional. La jugada reaviva la tensión con el PRO, que aspiraba a liderar ese organismo a través del diputado Cristian Ritondo.
En el actual reordenamiento legislativo, el oficialismo ya consolidó posiciones en comisiones de peso, como Juicio Político, y ahora apunta a sumar la Bicameral de Inteligencia, cuya presidencia corresponde a la Cámara de Diputados. Allí es donde se define la disputa política de fondo: quién controla uno de los resortes más sensibles del Estado.
Según surge de la trastienda parlamentaria, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, junto a Karina Milei, impulsa nombres propios para quedarse con ese lugar. Entre las opciones aparecen los diputados Gabriel Bornoroni y César Treffinger, ambos de extrema confianza del oficialismo. Este último corre con ventaja para presidir la comisión.
En ese escenario, Ritondo quedaría relegado. Si bien el PRO conservaría representación dentro de la comisión, no accedería a la conducción, un punto que generó malestar interno. Desde el Congreso deslizan que su cercanía con sectores del oficialismo no alcanzó para sostener la promesa de ese cargo.
La Bicameral de Inteligencia no es un espacio menor: tiene la función de controlar el accionar de los organismos de inteligencia, auditar su presupuesto y requerir información sensible. Además, será el ámbito por donde deberá pasar una eventual reforma del sistema que el presidente Javier Milei planea enviar al Congreso.
El cuerpo está integrado por 14 miembros, con representación equilibrada entre ambas cámaras. Sin embargo, tras las últimas elecciones, La Libertad Avanza logró posicionarse como primera minoría, lo que le permite disputar con más fuerza la conducción y ampliar su influencia en este ámbito estratégico.
La movida del oficialismo deja en claro una línea de acción: avanzar sobre áreas clave del Estado, incluso a costa de tensar su vínculo con aliados como el PRO, en un Congreso donde cada espacio de poder cuenta.
