El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, saluda al canciller alemán, Friedrich Merz, EFE/EPA/Hannibal Hanschke
Lula participó de la inauguración del evento junto al canciller alemán, Friedrich Merz, en una edición de la feria que tiene a Brasil como país invitado. Desde allí, defendió la necesidad de fortalecer alianzas en un escenario internacional atravesado por tensiones geopolíticas, cuestionamientos al multilateralismo y una creciente disputa por recursos estratégicos, tecnología e industria.
Durante su intervención, el mandatario brasileño sostuvo que su país ya no acepta ser tratado como una economía periférica. Destacó que Brasil tiene 215 millones de habitantes, una economía estable y una base tecnológica e industrial que incluye empresas de peso internacional como Petrobras y Embraer. En ese marco, insistió en que la feria de Hannover representa una oportunidad para mostrar que la mayor economía de América Latina quiere dar el salto hacia un modelo de mayor riqueza, industrialización y protagonismo global.
Uno de los ejes centrales del mensaje de Lula fue la energía. Afirmó que Brasil cuenta con una de las matrices energéticas más limpias del mundo y remarcó que, en generación eléctrica, cerca del 90% de la energía del país proviene de fuentes renovables. También subrayó la escala de producción brasileña de biodiésel y etanol, y defendió el uso de combustibles renovables como ventaja competitiva para sectores como el automotriz y el transporte de carga.
En ese punto, volvió a plantear que Brasil quiere liderar la transición energética no solo como proveedor de materias primas, sino también como país con capacidad industrial, tecnológica y soberanía para agregar valor. Esa posición también apareció en el diálogo con Alemania sobre minerales críticos, cadenas de suministro y cooperación en sectores estratégicos.
Lula también buscó enviar una señal política y económica hacia el exterior: dijo que Brasil está abierto a la inversión extranjera y a recibir a quienes quieran trabajar, producir y contribuir al desarrollo del país. En el cierre de su discurso, vinculó esa apertura con la defensa de la democracia, el multilateralismo y la paz, en línea con la estrategia de Brasil de reforzar vínculos con Europa en un contexto global más fragmentado.
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