Los terremotos en Venezuela dejaron 3.811 fallecidos, miles de personas desplazadas y severos problemas de acceso a agua potable, saneamiento e higiene en las zonas más afectadas.

La cifra de muertos por los terremotos en Venezuela subió a 3.811, mientras miles de sobrevivientes enfrentan dificultades crecientes para acceder a agua potable, saneamiento e higiene en las zonas más golpeadas por los sismos del 24 de junio.

La Guaira aparece como el estado más afectado. Allí, muchas familias permanecen en refugios temporales o a la intemperie después del derrumbe de 190 edificios y los daños registrados en otros 856 inmuebles, según las autoridades venezolanas.

El impacto sobre los servicios básicos agravó la situación de los sobrevivientes. En algunas comunidades, vecinos comenzaron a utilizar sectores de la playa para bañarse y hacer sus necesidades, mientras otros recurren al agua que quedó almacenada en tanques domiciliarios dañados por los sismos.

“Siempre tenemos agua en el tanque —agua reservada—, pero con el terremoto, la mayoría de los tanques de las casas se rompieron”, contó Juliani Herrera, de 20 años. “Ahora tenemos que esperar a ver si viene una cisterna y llenar tobos (baldes)”.

La falta de agua ya era un problema en algunas de las zonas afectadas antes de los terremotos. De acuerdo con el reporte, varias comunidades recibían servicio de agua potable apenas una o dos veces al mes.

En Maiquetía, donde se encuentra el principal aeropuerto del país, vecinos hicieron fila para recibir cajas con alimentos, agua y kits de higiene. Los paquetes incluían jabón, cepillo de dientes y toallitas para limpieza corporal.

Herrera recibió una de esas cajas en un campamento junto a la playa. La joven la trasladó durante varias cuadras, todavía con rasguños en el mentón, el brazo y las manos por una caída de motocicleta ocurrida mientras la tierra se sacudía.

El gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez estimó que unas 18.000 personas quedaron sin hogar. Los desplazados se encuentran en escuelas, veredas, parques, plazas y otros espacios públicos.

Beatriz Ochoa, jefa regional de incidencia para América Latina del Consejo Noruego para Refugiados, advirtió que hacen falta mejores condiciones para prevenir la propagación de enfermedades en espacios densamente poblados, con altas temperaturas, lluvias estacionales y poca privacidad.

“He visto a familias haciendo todo lo que pueden para mantener la dignidad en condiciones extremadamente difíciles”, dijo. “En un refugio temporal, vi a familias organizándose para mantener limpios los espacios comunes, incluso mediante retiros improvisados ​​y arreglos básicos para la gestión de desechos. Su determinación es notable, pero las familias no deben tener que llevar solas esta carga”.

Rodríguez anunció que su gobierno trabaja con expertos para identificar áreas donde “construir nuevas viviendas y ciudades antisísmicas”. También indicó que fueron convocadas empresas locales e internacionales “para la construcción agresiva y rápida de viviendas”.

La funcionaria señaló además que decidió enviar una carta “entre otros, al rey de Inglaterra” para solicitar la liberación de reservas de oro venezolanas congeladas en el Banco de Inglaterra debido a sanciones económicas.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres estimó los daños físicos directos en viviendas e infraestructura en alrededor de 37.000 millones de dólares.

El jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, se reunió con Rodríguez y con sobrevivientes del terremoto. En paralelo, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios lanzó un pedido de aproximadamente 300 millones de dólares para asistir a 1,3 millones de venezolanos con necesidades urgentes.