Una antigua superstición política volvió a circular en Paraguay: dos presidentes que no utilizaron el tradicional Chevrolet Caprice en sus ceremonias terminaron posteriormente destituidos mediante juicio político.

En medio de la crisis política paraguaya volvió a ganar espacio una curiosa historia vinculada con el poder: la denominada “maldición del Caprice”, un mito urbano construido alrededor de un Chevrolet descapotable utilizado durante décadas en ceremonias presidenciales.

La superstición relaciona el destino político de distintos mandatarios con el uso —o no— del Chevrolet Caprice durante sus actos de asunción o traspaso de mando. Se trata de una coincidencia histórica a la que popularmente se le atribuyó un carácter de “amuleto”, sin que exista, naturalmente, una relación causal entre el automóvil y la continuidad de los gobiernos.

Según la información difundida, el vehículo fue adquirido a finales de la década de 1960 por la familia Abdo y permaneció posteriormente en Mburuvicha Róga, la residencia del presidente.

Los presidentes que utilizaron el Caprice y los que no

El automóvil fue utilizado en diferentes ceremonias por Andrés Rodríguez, Juan Carlos Wasmosy, Luis González Macchi, Nicanor Duarte Frutos, Horacio Cartes y Mario Abdo Benítez. Todos esos mandatarios completaron sus respectivos períodos presidenciales, una circunstancia que con el paso de los años alimentó la leyenda alrededor del vehículo.

La otra cara de la historia está protagonizada por Raúl Cubas Grau y Fernando Lugo, quienes no utilizaron el tradicional descapotable en sus ceremonias de traspaso de mando.

Cubas Grau asumió la Presidencia en 1998 y posteriormente dejó el cargo, mientras que Lugo, quien llegó al Gobierno en 2008, fue destituido mediante un juicio político.

Santiago Peña tampoco utilizó el histórico vehículo

Santiago Peña también decidió prescindir del Chevrolet Caprice durante su ceremonia de investidura. En esa oportunidad utilizó un Rolls-Royce Corniche II descapotable de color negro.

La coincidencia volvió a alimentar comentarios y publicaciones sobre la supuesta “maldición” del automóvil en momentos de fuerte tensión política.

Más allá de la tradición y las coincidencias señaladas, la historia del Caprice forma parte del terreno de los mitos urbanos y las supersticiones políticas: las crisis, renuncias o destituciones presidenciales responden a procesos institucionales y políticos y no guardan relación comprobada con el vehículo utilizado durante una ceremonia.


Con información de RT y Diario Hoy.