Por: María Liz Ramírez - Óptica Contactóloga, MP 18482 La omnipresencia de pantallas ha reemplazado el movimiento y la exploración natural, sometiendo a los niños a una hiperestimulación para la que el sistema visual humano no está diseñado. Esta desconexión entre biología y tecnología amenaza la plasticidad cerebral, fundamental para aprender habilidades como empatía, resolución de problemas y concentración. En Argentina, muchos niños pasan entre 4 y 6 horas diarias frente a dispositivos, triplicando el límite recomendado. Las pantallas obligan a un esfuerzo visual cercano y constante, generando: Fatiga visual intensa Problemas de enfoque Aumento de la miopía infantil Más allá de los ojos, esta sobreexposición deteriora la atención. Al habituarse a estímulos inmediatos, los niños pierden capacidad de concentración y profundidad de pensamiento, creando mentes dependientes de la inmediatez digital. Los padres tienen un rol clave: permitir y regular el tiempo frente a pantallas no es solo un consejo, es una obligación para proteger el desarrollo cerebral y visual de sus hijos. Ignorarlo hoy puede generar dificultades irreversibles mañana.