Así lo afirmó la Dra. en Arquitectura e Investigadora del CONICET, Inés Moisset, quien adelantó material inédito sobre las mujeres en la escuela vanguardista de arte, diseño y arquitectura.

“La arquitectura vive, cambia, expresa lo intangible a través de lo tangible. Da vida a materiales inertes, relacionados con el ser humano. Concebida así, su creación es un acto de amor”, sostenía Walter Gropius como síntesis del espíritu que dio vida a su mejor obra: la creación en 1919, de la Bauhaus, la icónica y revolucionaria escuela de arquitectura, arte y diseño, durante la República de Weimar.

Por la Bauhaus (nombre derivado de un sustantivo compuesto que, en traducción libre al español significa `Casa de Construcción´), sabido es que pasaron grandes nombres del arte universal como Paul Klee, Wassily Kandinsky, Johannes Itten, Lazlo Moholy Nagy y Oscar Schlemmer, entre otros, tal como menciona Moisset, experta en la famosa escuela que contó con 1.300 discípulos hasta 1933, cuando fue clausurada por los nazis.

Menos conocida y casi ´escondida´ de los relatos publicados hasta ahora, es, sin embargo, la participación “esencial” que tuvieron las mujeres en la historia de la Bauhaus; tema central del nuevo material inédito de la arquitecta que ya en 2013 se ocupó de la escuela en su trabajo “El paradigma del laboratorio: experiencias pioneras de la Bauhaus”.

Perfume de mujer

En el marco del centenario de creación de la Bauhaus, ¿en qué consisten los nuevos hallazgos plasmados en su material inédito?

“Cuando comencé a trabajar con los documentos originales de la Bauhaus, se hizo evidente que había muchos personajes, en su mayoría mujeres, que hicieron posible, que la producción teórica llegara hasta nosotros. Lo que buscaba al analizar los documentos originales era entender cómo se desarrollaba la cadena de producción de conocimiento de este grupo, que como todo investigador entiende en la actualidad, debe culminar en la publicación de los resultados”, detalla la arquitecta.

“Existían los libros de la Bauhaus, una colección de fascículos donde cada profesor exponía sus teorías. Me pregunté entonces cómo se pasaba de las experiencias en las aulas al texto publicado. Y es ahí donde empezaron a aparecer ellas, imprescindibles para completar esta cadena”, se entusiasma.

Para la investigadora, uno de los nombres centrales en esa ´aparición´ de mujeres es el de “Lucia Schulz, historiadora del arte, esposa del pintor Lazlo Moholy Nagy. Si bien estaba allí en su condición de “esposa de” aportó a la difusión de la escuela como si hubiera sido un integrante rentado más. Además de su formación académica, ella había trabajado en periódicos donde aprendió las técnicas del laboratorio fotográfico y en las grandes editoriales alemanas. Ella documentó toda la construcción del nuevo edificio de Dessau y los objetos que se desarrollaban en los talleres”.

“Las fotos de la época que aún hoy se exhiben –prosigue- donde los objetos “flotan” en el vacío son obra de ella, que inventó el dispositivo para apoyarlos en un vidrio. Hay una certeza casi completa de que la colección de publicaciones también fue armada por ella que tenía experiencia como editora, mientras que ninguno de los profesores la tenía”, asegura.

“Por otro lado, sabemos que muchas de las compilaciones de textos eran realizadas por las esposas de los maestros que eran altamente calificadas, pero que no tenían cargos ni designaciones. Tal es el caso de Ilse Gropius, por ejemplo, primero alumna y después esposa y colaboradora de Gropius. Sin ellas no hubieran llegado a nuestras manos los archivos”, subraya la investigadora.

Inés Moisset, Dra. en Arquitectura e Investigadora del CONICET

Entre las historias de mujeres protagonistas olvidadas durante casi un siglo, Moisset también recuerda a “Lily Klee, pianista, quien sostuvo económicamente a su marido (Paul) hasta que fue profesor de la Bauhaus, donde colaboraba con él para preparar los apuntes. Paul, por otro lado, participó de formas activa en la crianza del hijo de ambos, Félix. Estos datos no son relatados en las historias del arte”.

Frente a todas estas historias de algún modo ´suprimidas´ en la bibliografía sobre la Bauhaus, la arquitecta comenzó a “poner el ojo en las mujeres que fueron desapareciendo de los relatos y cómo fue ocurriendo este proceso dentro de la historia de la arquitectura. Joanna Russ ya lo había planteado en la literatura en su libro “How to supress womens writing” (“Cómo acabar con la escritura de las mujeres”, según su título en español). El primer método que menciona es el de la prohibición del acceso a la formación”.

Pese al vanguardismo predominante en la Bauhaus, su fundador Gropius y otros profesores consideraban que las mujeres “no debían estudiar arquitectura, aún en contra de las leyes de la República de Weimar que ya establecían la educación universal”.

“Si bien no podían impedir que se inscribieran, realizaban una serie de maniobras para que no pudieran acceder al taller de arquitectura. Aún así, algunas lograron colarse, como Lotte Beese, Annemarie Mauck y Wera Meyer-Waldeck”, explica Moisset.

¿A qué atribuye esa discriminación/rechazo hacia la mujer en la Arquitectura?

“Subrayar que la arquitectura no es un área para mujeres tiene que ver con el reforzamiento de estereotipos. También los historiadores opacaron autorías, como en el caso de Lilly Reich, socia de Mies van der Rohe, una de las escasas profesoras de la Escuela. Cuando Mies se trasladó a Estados Unidos, huyendo de la guerra, ella desapareció de los créditos de las obras que habían realizado juntos, como la Casa Tugendhat, el Pabellón Alemán y la silla Barcelona”, destaca Moisset, antes de enfatizar que “no sólo en la arquitectura lo tuvieron difícil las mujeres de la Bauhaus”.

“Desde ya, hubo escasas profesoras. Creadoras exquisitas y diseñadoras de gran talento formaban parte de esta comunidad: Anni Albers, Gunta Stölz, Marianne Brandt, Alma Buscher, Friedl Dicker, Margarete Heymann, Otti Berger, Benita Koch-Otte, sólo por nombrar algunas. Estas historias fueron atravesadas también por el conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial, donde varias integrantes sufrieron falta de trabajo, el exilio y hasta la muerte en campos de concentración”.

Aún pasado un siglo de silencio, no todas son malas noticias para las mujeres de la Bauhaus: En los últimos años “han aparecido publicaciones que rescatan a estas mujeres, como las realizadas por Mercedes Valdivieso, Carmen Espegel y Josenia Hervás y Heras. También la propia Bauhaus con motivo del centenario está editando algunas biografías. Se ha abierto un área de investigación y debate muy promisoria que intenta dar una versión más completa de la historia. Además, hay iniciativas interesantes como la Beca Lilly Reich para la igualdad en la arquitectura que promueve la Fundación Mies van der Rohe de Barcelona”, anticipó.

¿Aún persiste alguno de los métodos mencionados por Russ, para ignorar y/o suprimir, en este caso, a las arquitectas de la historia?

“Claro que sí. La ausencia de referentes femeninos en los programas de las facultades de arquitectura es parte de ello. No están citadas en los libros. Por ejemplo, el Diccionario de la Arquitectura en Argentina, sólo menciona a un 1% de arquitectas en un total de 600 biografías. Las mujeres tampoco son invitadas para exponer y los premios las ignoran”, sostiene al describir una realidad todavía patriarcal.

“El Premio Konex –ejemplifica- no ha reconocido desde su creación en 1980, en el área de la arquitectura a ninguna mujer en solitario. Pocas escuelas de arquitecturas de Argentina (20%) están dirigidas por mujeres y tampoco muchas dirigen colegios o asociaciones profesionales. En algunas facultades del país es vergonzosa la ausencia de profesoras titulares en las Cátedras de Arquitectura, eje troncal de la carrera”.

Después de la recuperación de la democracia, en 1983, de acuerdo a Moisset “la cantidad de estudiantes mujeres alcanzó el 50% de la matrícula y ha subido hasta hoy. El 60% de los títulos de grado de Argentina están en manos de mujeres, es decir están porcentualmente más calificadas que los hombres”.

A propósito de reconocimientos, vale recordar que Moisset fue la primera mujer arquitecta en recibir el Premio Bernardo Houssay; distinción sobre la que opina: “El Premio Houssay ha tenido una trayectoria irregular, y sus bases han ido cambiando a lo largo del tiempo. La arquitectura ha quedado excluida de las disciplinas que se fueron premiando posteriormente. Recibir el premio en 2003, fue un impulso muy importante, sobre todo a nivel anímico”.

ADN arquitectónico

Inés Moisset posee el ADN de la arquitectura desde su cuna: es hija de los arquitectos Noemí Goytía y Daniel Moisset. “Tuve la fortuna de criarme en un ambiente de mucha reflexión sobre la arquitectura. Tanto mis padres como sus compañeros Marina Waisman, César Naselli y María Elena Foglia, estuvieron entre los primeros investigadores que formaron parte del sistema de ciencia y tecnología en Córdoba”, comenta.

“Ellos siempre me apoyaron e incentivaron a realizar estudios de posgrado cuando las carreras eran aún incipientes en Argentina. Entre las referentes sobre temas de género, cito en especial, especial a Ana Falú, pionera del tema en la Universidad Nacional de Córdoba, donde me gradué, y a Zaida Muxí”.

Luego de graduarse en la ´Docta´, Moisset cursó su Doctorado en el Istituto Universitario di Arquitettura de Venecia, Italia.

“En Venecia recibí una formación teórica que completó la formación de excelencia en la Universidad Nacional de Córdoba. Para ingresar al doctorado, rendimos concurso 75 arquitectos de todo el mundo y quedamos 5. Allí hice una tesis doctoral, enfocada a entender los caracteres del paisaje latinoamericano, que en parte son herramientas que me sirvieron en estos últimos 20 años, tanto para mi trabajo académico, como para el de difusión que realicé en paralelo junto a Omar Paris, editando la revista 30-60 Cuaderno Latinomericano de Arquitectura”, resume.

Además, “este año, por invitación de Pablo Ferreiro, me incorporé en una cátedra nueva de la FADU, UBA, denominada Taller Nación, cuyos objetivos se vinculan a las investigaciones que realizo, tanto las del paisaje como las de interrelacionar enseñanza con investigación. Dentro de las actividades realizamos un taller en Tilcara, Jujuy, que se denomina ADN, Encuentros Proyectuales en el Territorio”, explica.

La iniciativa es “una oportunidad de encuentro entre docentes y estudiantes de siete universidades argentinas que busca entender las necesidades y demandas latentes en el lugar produciendo información que servirá de insumo para las administraciones locales. Los equipos de trabajo estarán en contacto con investigadores del CONICET (especialistas en temas de litio, género, ruralidad, gentrificación), con agentes locales, el propio territorio y la propia arquitectura del lugar –detalla”.

“El encuentro articula el sector académico, el de investigación, el tercer sector y el sector público, abriendo a los estudiantes la comprensión de un modo de trabajo integral. Es una oportunidad maravillosa para salir de los límites de la Universidad y encontrarse con la realidad del país; algo que sin dudas, es invalorable”, concluyó.

Y…un día, una arquitecta

En su trabajo sobre la Bauhaus, la investigadora detectó “un vacío de conocimiento” que en su momento “no dimensionó” en su total magnitud y que la llevó a concebir otro caro proyecto sobre mujeres arquitectas.

“A partir de contactos con otras investigadoras y académicas de aquí y del extranjero pensamos estrategias de comunicación para salvar la invisibilización de las mujeres en la arquitectura, más allá de los papers habituales de nuestro oficio”, explica.

“Así, en 2015 surgió el sitio Un día | una arquitecta, con el objetivo de publicar una biografía de una arquitecta regularmente. Queríamos aportar 365 arquitectas que no aparecían en los libros de arquitectura. Mientras avanzamos tomamos conciencia de que un año no alcanzaba, y desde entonces publicamos todos los días a veces más de una, en un esfuerzo grande”.

“Somos 70 editores de toda América y Europa. Hemos publicado unas mil biografías y nuestro sitio tiene un tráfico de unos 2.000.000 de visitas. Somos un colectivo que a partir de la red realizamos acciones diversas: encuentros, publicaciones, concursos, iniciativas de reclamo y edición de Wikipedia, por ejemplo”, enumera.

Un día | una arquitecta fue ya reconocido con el Premio Milka Bliznakov del Archivo Internacional de Mujeres en la Arquitectura de Virginia Tech, Beca del Fondo Nacional de las Artes y Premio en la Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo.

“Es un voluntariado muy gratificante porque genera una red de contención importante ante quienes se resisten a admitir que la historia ha sido narrada de una manera injusta”, destaca.

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