Ayer, en plena audiencia pública, luego de la exposición del Concejal de Cambiemos Juntos por el Cambio Diego Barrios, un representante de los trabajadores del volante cuestionó algunos de los datos expuestos por Barrios sobre el costo de “mover” un auto para trabajar en la ciudad de Posadas.
Con un estilo bastante contrastante al de Barrios, el taxista dejó expuesta la posición de muchos cuando indicó que las webs “le sirven a uds que son…”, que son los que están con “las páginas y la boludez esa…”
Banco a Barrios en esta, creo que tiene las mejores intenciones, pero está desinformado sobre tecnología, personas y taxis. Las estadísticas y un par de planillas de Excel sobre costos en otras provincias no son la solución, ni la función y creo que aprendió eso ayer cuando los aportes desde la vereda de enfrente vinieron como vinieron. Los concejales no están para hacer ni ordenar hacer apps con los recursos del Estado, están para regular la existencia de esas apps.
La política es un vehículo importante, quizás uno de los más importantes, para darle forma a las sociedades. Lo legislado determina lo permitido, lo obligatorio, lo prohibido y lo adquirido pero también deja en evidencia un problema en crecimiento: el de los outsiders políticos en off side casi constante y la “transgeneracionalidad”.
Hace algunos meses en el Honorable Concejo Deliberante de la ciudad capital el mismo concejal, Diego Barrios, presentó un proyecto para la creación de la aplicación “Posadas Taxi”. Con fundamentos que rozan superficialmente la problemática del transporte en Posadas, que no le mueven un pelo técnico a la solución y sin establecer parámetros legales concretos, el edil explica resumidamente el funcionamiento del aplicativo y establece condiciones para el funcionamiento: la utilización del servicio, debe ser libre y gratuito para el interesado y para el conductor, deberá funcionar las 24 hs los 365 días del año y los costos del pago electrónico de los viajes, será absorbido (no indica en qué porcentajes) por los usuarios y conductores.
Ayer Barrios presentó un anteproyecto de Ordenanza que pretende es establecer un proceso de tratamiento de tarifa con un sistema de actualización automático que evite el paso por el Consejo Delibertantes cada vez que sea necesario realizar un cambio de tarifa.
Este sistema de actualización automático sería a través de una fórmula matemática que considerará diversas variables para ser calculado, como ser Costo de Vida, Combustible etc. Según Barrios, “para desarrollarla fue necesario conocer de manera detallada toda la composición de los gastos, costos e inversión que genera la tarifa en los taxis, y para ello la gran mayoría de los datos se fueron relevando en primera persona con propietarios de taxis y peones”.
Hay un factor que, aparentemente, no se está estudiando ni analizando que es el usuario. Al igual que pasó en la política, en otras formas de consumo, también cambió el público. Los millennials son la generación que más viajes hace en avión en su vida. Hoy cualquier persona de menos de 40 laburante, que no haya caído en la pobreza, viajó seguramente más horas en avión que sus padres, abuelos y tíos juntos. Viajar te permite conocer otras realidades, otras formas de uso y acceso y también te enseña. Los milénicos usamos UBER, Lyft y Cabify hace años y lo hacemos con naturalidad. Ya no se nos cruza por la cabeza pagar para subir a un auto sucio, con olor a pucho, donde el chofer esté con cara de pocos amigos. Conocemos otras posibilidades y las queremos acá. Ojo, quiero una solución con los peones del taxi adentro, porque atrás hay cientos de familias.
El planteo hecho en el proyecto presentado por Barrios no resuelve el mayor de los problemas que es el de las centrales de remises y taxis, porque si voy a geolocalizar a los remises y taxis (o solamente a los taxis al principio) que usen la app, debería hacerla de uso obligatorio para todos. Todos. Porque el uso de la aplicación generaría una “cola de trabajo” entre los vehículos más cercanos a los pedidos emitidos por los usuarios y la central quedaría relegada a la gestión solamente de pedidos telefónicos que deberán convivir con la app, lo que demandaría una tercer solución de software (la primera es la de usuarios, la segunda la de choferes y quizás debería haber una versión para centrales (y ni hablemos de los choferes que alquilan los automóviles) que le permita al operador romper la cola de trabajo y asignar un viaje a un vehículo “a mano”, algo poco eficiente en términos de costos (desarrollo del software, honorarios de los operadores/telefonistas, capacitación, etc).
En segundo lugar y el que más me preocupa es el del monopolio técnico del Estado. ¿Cómo las empresas de software o de servicios que quisiéramos desarrollar soluciones de movilidad para el mercado posadeño (generando puestos de trabajo directos e indirectos) podemos competir contra un gobierno municipal con sus infinitos acuerdos, contratos, lobbistas, recursos y experiencia? La falta de experticia del Estado en áreas como las que debería tratar este desarrollo es la única ventaja para los privados que encuentro en esta carrera por digitalizar el pedido de remises y taxis.
Tercero y no menos importante lo único que aporta la aplicación sugerida por el proyecto (ojo, y que le escuché en campaña a los electos y antes a los concejales en funciones) de ordenanza es una forma de pedir un taxi o un remis (de los ya existentes o los que se habiliten bajo el mismo parámetro que los actuales y según la legislación vigente) con mi celular que no sea hacer una llamada. Desde el vamos, dos de las centrales más importantes tienen sus propias apps.
No necesitamos que alguien con un cargo público, mal asesorado por un par de millennials cuya única ventaja sobre el edil es ser más jóvenes, nos de una aplicación más para los celulares. Lo que necesitamos es que se diseñe y apruebe legislación que regule las aplicaciones de movilidad, todas. Para que digamos quiénes sí y quiénes no. Y los que sí, en qué condiciones. Los que no, por qué. Así, empresas como Cabify o una startup local pueden decidir si vale la pena invertir recursos y tiempo en resolver el problema.
La tecnología, los concejales y los taxistas. Un baile al que los usuarios no estamos invitados.
Diego René Martín
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