⭐⭐⭐ Días siendo campeones del mundo: 1215 | ★★ Días siendo bicampeones de América: 640

En la Web y las tiendas de aplicaciones para celulares proliferan las apps para espiar el teléfono de otra persona.

Escuchar las llamadas, localizar la ubicación, acceder a los Whatsapp, tomar fotos de forma remota y acceder a las claves personales son algunas de las funcionalidades que ofrecen muchos de estos programas que transforman a cada usuario, en general a las mujeres, en una posible víctima. Si bien muchos de estos programas son ofrecidos para control parental, la mayoría son utilizados para espiar a las parejas, en una época donde la privacidad se ha vuelto sospechosa y difusa.

“Apps para celosos”, “Mirá todo lo que hace tu pareja con el celular”, o “Descubrí si tu pareja es infiel”, son las formas que toma en la web, la difusión de estas aplicaciones que, aún siendo legales, su uso constituye un delito. Las más simples son herramientas de control parental o antirrobo, a las que los usuarios les dan otro destino: el espionaje.

En la mayoría de los casos, quien va a espiar necesita tener acceso al celular de su víctima al menos una vez para bajar alguna de las aplicaciones. Por eso hay quienes previendo alguna dificultad, le regalan a su pareja o a quien quieren controlar con alguna app espía ya instalada.

La abogada feminista Raquel Hermida Leyenda explicó que si bien el espionaje telefónico también lo realizan mujeres, la mayoría de las denuncias que lleva adelante están relacionadas con hombres que tratan de controlar qué hacen sus parejas o ex parejas mujeres por medio del celular, las redes sociales y el mail. La abogada, ya mencionada, expreso: “Tuve diferentes casos. En uno, un señor le enviaba fotos íntimas de su ex pareja a todas las relaciones laborales de ella con el fin de destruirla, no solo emocionalmente, sino también económicamente. En otro, una persona conocía todas las conversaciones que mantenía su ex pareja. Hubo un tercer caso en el que un malviviente le vació el sueldo a su mujer tras haber accedido a su contraseña.”

La violencia de tipo cibernética en relación con las mujeres es muy grande, es un combo que tiene violencia de género porque viene acompañada de amenazas económicas y coactivas: “si no haces esto, te publico una foto o mando Whatsapp a tus contactos”. Nunca es solo un control. En muchos casos, cuando empieza una separación dejan instalado un programa para vigilarlas.

La tecnología termina siendo una herramienta más de la violencia, un método que genera una violencia diferente. Una invasión donde a la mujer no solo le hackea el celular sino también la pc casera.

Dado por sentado que la privacidad dejó de tener tal atributo, las redes son, como se sabe, una ventana abierta usada por el usuario para ventilar su vida íntima. A ésto se le suma el mal intencionado uso de algunas empresas que usan aplicaciones para hacer negocios con los datos personales para acceder a compras de gran valor o para generar extorsiones en las que se roban datos de empresas y se pide rescate por los mismos.

Gratuitas o pagas, las apps que se ofrecen son numerosas y permiten desde la básica geolocalización al clonado del celular. De leer los contenidos de los Whatsapp a saber si la persona utiliza alguna red de citas como Tinder, Grindr o Badoo. Es decir, recopilar historiales de llamadas, mensajes de textos y acceder a mails y las redes sociales.

Gustavo Sain, especialista en delitos informáticos y director de la diplomatura en Cibercrimen de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, aportó datos sobre “los keyloggers”, expresando que los mismos son programas o dispositivos que registran las teclas que se pulsan en un ordenador y capturan las contraseñas, con el fin de obtener las credenciales de acceso o claves. Por eso, son importantes los teclados electrónicos a la hora de ingresar contraseñas, así como programas muy avanzados que no requieren ningún acceso al celular.

Según explicó Sain, el delito informático es de baja denuncia judicial, representa el 0.05 por ciento del total de los delitos denunciados, y generalmente cuando la víctima hace la denuncia por espionaje de parte de su pareja o ex pareja es porque ya hubo violencia física y psicológica detrás de eso y la causa se caratula por un delito más grave, por lo cual no se puede discriminar en forma oficial la estadística de este tipo de violencia.

Sean estas aplicaciones armas, usadas por una persona insana que se ensaña con su pareja a la hora de buscar más y más información, en forma insistente y aún cuando ésta sea la misma inexistente; o aún en otro ámbito de la sociedad, como herramientas que usan las empresas para cometer acciones fraudulentas, la tecnología se ha vuelto un arma en contra del hombre.

Share.