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Las calles de Beirut se levantan contra el Gobierno libanés de Saad Hariri tras el anuncio en el que se impondrían una serie de tasas para las llamadas y la mensajería del servidor WhatsApp. Algo que no gustó nada a la población y que ha servido como detonante para desencadenar una serie de jornadas de protestas en todo el país que son consideradas las más grandes de los últimos cinco años.

Tras las primeras manifestaciones, el Ejecutivo retiró inmediatamente la propuesta, pero el desencadenante hizo que fuesen mucho más allá y la conocida como ‘Revolución de WhatsApp’ pasó a ser una reivindicación contra la corrupción endémica y la gran crisis económica que asola al país mediterráneo desde hace décadas.

La manifestación del domingo 20 de octubre se convirtió en la más masiva de las cuatro registradas hasta el momento. Los manifestantes bailaron y cantaron en las calles, algunos ondeando banderas libanesas y cantando “la gente quiere derrocar al régimen”.

Las protestas antigubernamentales que han inundado el país desde el jueves han reunido a todos los segmentos de la sociedad libanesa en un llamamiento inusualmente unificado para la caída de una élite política que los manifestantes culpan por hundir la economía en crisis.

Fuentes de la Cruz Roja Libanesa afirmaron que solo en la capital al menos 23 personas fueron trasladadas a los hospitales mientras que otras 70 fueron tratadas en el lugar, con lo que el número de víctimas desde el jueves asciende a dos muertos y más de un centenar de heridos.

Recordemos que esto le estaría costando el puesto al primer ministro, Saad Hariri, quien desafió que estaba dispuesto a dimitir si no lograba hacer aprobar sus reformas económicas en un plazo de 72 horas que concluía ayer, pero su debilitado y fragmentando gobierno quedó aún más endeble tras la dimisión de los cuatro ministros del partido cristiano Fuerzas Libanesas. Otros socios clave en la coalición como el partido milicia chií Hizbolá, sin embargo, se oponen a la dimisión y mantienen su apoyo al primer ministro.

Esta manotazo de ahogado que dio el gobierno tiene que ver con su fuerte endeudamiento. El Líbano es uno de los países más endeudados del mundo, con alrededor de 86.000 millones de dólares de deuda.

“No esperaba que la gente del norte, sur y Beirut del país se unieran y se gustaran. Las protestas han reunido a todos y esto nunca ha sucedido antes”, dijo Sahar Younis, un trabajador de 32 años de una organización no gubernamental.

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