Prodigiosa en ventas de electrodomésticos a lo largo de varias décadas, a la cadena Garbarino le toca ahora cerrar su propia venta. Y el principal interesado es el fondo Inverlat, que tiene en su porfolio empresas como Havanna.

El fondo llega para quedarse en un negocio que es muy sensible a la marcha del consumo interno.

Perteneciente a los hermanos Daniel y Omar Garbarino, la cadena se debatió en estos últimos años en cómo pagar una deuda millonaria con tasas de interés insoportables y sin generar recursos por la brutal caída de la demanda.

Garbarino cuenta con 200 locales entre los de su propia marca y Compumundo.

Posee un plantel de 4.500 empleados y una planta con tecnología de punta para ensamblar en Tierra del Fuego productos con la licencia Samsung. Su participación de mercado alcanza al 22%, lo que la convierte en líder.

El último agosto la cadena logró un acuerdo para restructurar sus pasivos de $ 4.400 millones.

El 85% quedó en manos de los bancos Galicia y Santander que tomaron las acciones de la empresa y un mandato de venta como garantía.

Urgidos para que la deuda de Garbarino no desmejore sus balances, los bancos comenzaron a ofrecerla desde entonces a varios interesados.

Así, golpearon las puertas de Mercado Libre, que desistió porque su foco es seguir en la comercialización virtual. También interesaron a su competidora Frávega y a la reina de la electrónica de Tierra del Fuego, Newsan. Ambas declinaron.

En este último tiempo apareció con fuerza el fondo Inverlat cuyos socios son Carlos Giovanelli, Guillermo Stanley y Damian Pozzoli.

En el mercado atribuyen la situación de Garbarino a que dejó que los bancos manejaran la parte financiera de un sector que funciona con las cuotas y las tarjetas.

“La emisión de fideicomisos financieros basados en cupones de pago de consumos sentenció a la compañía”, soltó un experto vinculado a esta venta que solicitó el off the record.

Mencionó, además, la transformación de las ventas con la irrupción del comercio electrónico y de plataformas como Mercado Libre.

Lo curioso es que Garbarino pareció sortear esa situación cuando logró un acuerdo financiero en agosto con la asistencia de First Capital Group bajo la batuta de Miguel Arrigoni: pudo reestructurar la deuda y descomprimir su situación financiera, tras el derrumbe del consumo.

En ese momento obtuvo un diferimiento de un año en el pago de intereses con una tasa baja, del 20%, sobre el capital.

El acuerdo le permitió reducir la carga financiera mensual entre $150 y $200 millones.

Además del Galicia y el Santander estuvieron involucrados en menores proporciones, el Nación, los bancos provinciales de Buenos Aires y de Córdoba y el HSBC.

Cuando cerraron trato, Carlos García, CEO y figura pública de Garbarino, dijo que todo iba a funcionar si el consumo repuntaba, algo que al final no sucedió.

Ante la consulta acerca de cuál es el precio que está dispuesto a pagar Inverlat por la cadena, se señala que está directamente relacionado con el monto de la deuda. Eso sí, en la city arriesgan que el fondo se esforzará en obtener una fuerte quita de esos pasivos. La otra apuesta de estos compradores es que el consumo renazca.