Tres argentinas abren un local para degustar la infusión más popular de Argentina y preparan la venta en supermercados de sus mezclas.

Hace un año tres argentinas abrieron Porteñas, un pequeño pero coqueto lugar en el que la oferta es esta bebida con un punto de amargor típica de su tierra. Carmen Ferreyra, Gretel Pellegrini y Fernanda Tabares decidieron dar un giro a sus vidas con una aventura empresarial que como dicen, “muchos argentinos nos dicen, con buena onda, que han pensado que podría ser una buena idea de negocio pero nunca lo han hecho”.

Las tres tienen sus profesiones. Tabares es chef en Argentina, Ferreyra es curadora de arte y Pellegrini es odontóloga. Las dos últimas viven en Brooklyn y son ellas las que convencieron a Tabares de lanzarse a esta aventura. “Es mucho trabajo”, les advirtió.

Ahora lo saben. Ferreyra y Pellegrini se refieren a Porteñas diciendo que es “como un hijo” y el local “su segunda casa”.

Pero estaban decididas. Ferreyra llevaba tiempo en Nueva York cuando conoció a Pellegrini en Buenos Aires. Ella estaba preparando su marcha a Indianapolis para trabajar como investigadora y allí terminaron las dos antes durante un tiempo antes de que en 2017 decidieran establecerse, una vez más para Ferreyra, en Nueva York.

“Cuando vinimos estábamos buscando un cambio. Las dos teníamos nuestras profesiones pero volvimos a la ciudad de otra manera”, explica Ferreyra.

“Nuestra idea siempre había sido hacer productos para venta al por mayor, que luego se vendieran en el supermercado, pero este es un producto nuevo para mucha gente y para saber lo que le gusta a la gente lo mejor es hablar con el cliente y ver qué puede funcionar”, dice de su decisión de abrir un local tipo cafetería.

En EEUU se puede comprar yerba mate. “No estamos inventando nada”, dice Ferreyra antes de que Pellegrini recuerde que hay pocas marcas y no hay mezclas (blends). “No proponemos solo la yerba mate tradicional compartida y de un solo gusto. Empezamos de cero y nos planteamos qué podíamos hacer con ella. Fernanda habló de ponerle cítricos, sabores, en hacerla en máquina expreso y fueron saliendo mezclas, cremas, mateccino, etcétera”, dice Ferreyra.

Estas empresarias consideraron que si se traía a un público nuevo había que cambiarlo porque lo tradicional no había funcionado y la yerba mate seguía siendo una bebida para argentinos.

Su oferta ahora contiene distintos mates con cinco sabores además de jugos de frutas con extracto de yerba mate.

El local Porteñas es pequeño y acogedor, decorado siguiendo líneas modernas, un lugar que invita a quedarse y en el que trabajan las dos dueñas y dos mujeres más durante casi todo el día. Tanto Ferreyra como Pellegrini mantienen sus ocupaciones anteriores y de hecho esta última está estudiando para poder ejercer la odontología en EE UU.

El local cumple un año desde su apertura aunque empezaron a preparar el plan de negocio en febrero de 2018 y ha variado mucho desde la primera vez que lo formularon. “Contamos mucho con la ayuda del consulado”, dice Ferreyra.

Y de la casera de su apartamento que fue la que les habló del local que había encontrado una amiga suya. “La renta era razonable”, dice Pellegrini de un lugar en el que tuvieron que poner mucha dedicación durante seis meses para poder abrir. Las amigas ayudaron con el diseño del local, del empaquetado y con las fotos.

Ahorros personales y una promoción en kickstarter para conseguir $15,000 (“nos dio para el vidrio de la fachada nada más”, dice riendo Ferreyra) inicialmente. Ferreyra hizo todos los cursos que programa la ciudad para empresarios y eso le abrió caminos y redes de contactos. “Nos llamaron para una campaña de American Express, para ser junto con otros seis más una imagen de los negocios de mujeres durante un mes.

Luego vino un préstamo de Renaissance Fund (SBA y Economic Development Corporation) justo cuando necesitaban capital para invertir.

Ahora están en la fase de llevarlo a los supermercados. Se preparan para conversaciones, visitas, demostraciones, conversaciones y tienen ya contactos con dos grandes cadenas para vender sus mezclas de mates y sus jugos. “Es mucho trabajo, pero todo es mucho trabajo”, admiten de una labor que les deja poco tiempo para el descanso.