Un estudio publicado recientemente en la revista Cell, basado en investigaciones previas en las se encontró que los anticuerpos de una llama de 9 meses llamada Winter podían neutralizar los virus SARS-CoV-1 y MERS-CoV durante seis semanas, mostró que los anticuerpos encontrados en la sangre de las mismas también pudieron evitar las infecciones por COVID-19.

Según explican, el pequeño tamaño de este tipo de proteínas hace posible unirse con mayor facilidad a las proteínas espiga, las proteínas que permiten que virus como el nuevo coronavirus se rompan en las células huésped y nos infecten.

Como ya se dijo, esta no es la primera vez que se usan llamas en la investigación de anticuerpos, estos ya se utilizaron en trabajos relacionados con el VIH y la influenza, donde ayudaron a descubrir terapias prometedoras.

Mientras que nosotros producimos un solo tipo de anticuerpos, compuestos por dos tipos de cadenas de proteínas —pesadas y ligeras— que juntas forma una Y; las llamas producen anticuerpos de dos tipos: uno de ellos similar en tamaño y constitución a los anticuerpos humanos, y otros que tienen solo un 25% de su tamaño. Estos últimos también tienen forma de una Y, pero sus brazos son mucho más cortos porque no tiene proteínas de cadena ligera.

Otra ventaja es que pueden ser fácilmente manipulables, unirse o fusionarse con otros anticuerpos, incluidos los presentes en nuestro organismo, y permanecer estables a pesar de esas manipulaciones.

Los investigadores esperan que el anticuerpo eventualmente pueda usarse como un tratamiento profiláctico, inyectando a alguien que aún no está infectado para protegerlo del virus, como un trabajador de la salud.

Si bien la protección sería inmediata, sus efectos no serían permanentes y durarían solo un mes o dos sin inyecciones adicionales. A su vez, podrían también usarse para tratar a alguien que ya está enfermo para disminuir la gravedad de la enfermedad.

Aunque este enfoque está a varios meses de distancia, los investigadores están avanzando hacia ensayos clínicos para verificar la seguridad de inyectar los anticuerpos de una llama en pacientes humanos.

«Todavía hay mucho trabajo por hacer para tratar de llevar esto a la clínica», dijo Xavier Saelens, virólogo molecular de la Universidad de Gante en Bélgica y coautor del estudio. «Si funciona, llama Winter merece una estatua».