El 20 de marzo el presidente de la Nación, Alberto Fernandez, decretó la cuarentena obligatoria para todo el territorio argentino. Este aislamiento social, preventivo y obligatorio es una media excepcional que el gobierno nacional adoptó en un contexto critico ante un virus que afecta al mundo entero: el Covid-19.

Con el fin de proteger la salud pública frente a la propagación del coronavirus, se dispuso que todas las personas que habitan en el país (en especial los grupos de riesgo) permanezcan en sus correspondientes domicilios, solo pudiendo realizar desplazamientos mínimos e indispensables para farmacias o supermercados. Así como también, mantener una estricta aplicación de los protocolos sanitarios.

Frente a esta situación de incertidumbre por el aislamiento, las personas se encuentran con sentimientos encontrados. En Argentina, una de cada diez personas sufre depresión, sin embargo, estos datos se están modificando desde que nuestros hábitos han cambiado. Las nuevas circunstancias colocan a nuestros país con números mas elevados.

Desde la Psicología se postulan tres conceptos específicos para entender la depresión: considerarse a sí mismo, su futuro y sus experiencias desde una visión negativa. La situación actual nos impone un cambio de vida y hay quienes lo aprovechan favorablemente y otros que sin proponerselo,incentivan estímulos depresivos.

Otra patología, en este caso la angustia, puede ubicarse en el interior de las personas, en su contexto social o en el feedback entre ambos. La constante exposición tanto física como mental al Covid-19 nos presenta un panorama donde la angustia es su principal componente. Se traduce en sensaciones físicas, que van desde un dolor de panza a la parálisis total. Es una reacción general de mi mismo a condiciones de displacer, a una situación de peligro. La angustia fue la matriz para que los Psicologos desmenuzaran las vicisitudes del confinamiento: la angustia como hija de la cuarentena y la cuarentena como abono y cultivo de la angustia.