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Por María Belén Carballeira


En el Día por la Legalización del Aborto en América Latina y el Caribe, recordamos cómo transcurrió la jornada de la votación en el Congreso de la Nación, cuando los senadores decidieron ignorar a las millones de personas que se manifestaron a favor de la aprobación de la Ley IVE.

Más de dos años después, las mujeres seguimos sin poder decidir sobre nuestros cuerpos, y por ende, sin ser ciudadanas con plenos derechos. En el mientras tanto, son muchas las que mueren por realizarse abortos clandestinos o que son internadas por complicaciones en la salud luego de intentar realizarlo con un método casero; y es muy grande el número de niñas y adolescentes que son obligadas a gestar y a parir.

La pregunta que urge es: ¿Cuánta sangre más tiene que correr, cuántas infancias y adolescencias más tienen que terminar abruptamente para que las políticas públicas acompañen, de una vez por todas, el reclamo por el derecho a la salud sexual y (no) reproductiva? En este 2020, #QueSeaLey.

8/8/2018: El día que estuvimos todas juntas 

Los senadores comienzan lo que sería una sesión histórica en el Congreso de la Nación el miércoles 8 de agosto de 2018 a las 10.26 hs. La ley a tratar por la legalización del aborto llega con media sanción desde Diputados, en una ajustadísima votación donde se logró la mayoría por 4 votos.

En Capital Federal el tránsito es un caos. Cortan todo el perímetro que rodea a la zona de Congreso, y además delimitan con exactitud las calles que deben ocupar quienes están a favor o en contra de la ley, para evitar cualquier tipo de conflicto que se pueda desatar. Se esperan miles de manifestantes en las calles y éstos cumplen, llegando temprano desde incluso, muchas otras provincias y ciudades. Se estima que de Rosario salieron a la madrugada 100 colectivos con gente a favor de la legalización, organizados en muchos casos por agrupaciones de distintas facultades públicas de la ciudad.

Del lado verde (a favor de la ley), la Campaña por el Aborto Legal Seguro y Gratuito, impulsora del proyecto, instala 3 carpas y un escenario y prevé dictar charlas y talleres durante todo el día sobre educación sexual, género, feminismo, historia sobre el reclamo por el aborto y cómo afecta la clandestinidad, entre otros. También convoca a actrices, periodistas y escritoras que hablarán en público. Cerca de las 17 es la hora pico de manifestantes y caminar una cuadra por Callao, mano al Congreso, puede llevar aproximadamente media hora o más. La calle está teñida de verde. Miles de pañuelos atados en cuellos, muñecas, cabezas, y hasta tobillos en miles de mujeres que deciden reclamar por un derecho que les es negado. Marchan con amigas, hermanas, madres, primas, compañeras de trabajo y de facultad, novias, novios. Siempre en grupo y siempre con ánimo festivo, cantando y bailando al ritmo de los muchos bombos que se escuchan. Casi no se ven chicas sin la cara llena de purpurina verde.  Muchas llevan carteles con frases en contra del patriarcado o la iglesia.

“Es a la primera que venimos”, se escucha decir a una mujer de unos 40 años a otra de igual edad, abrazando a una niña que aparentemente es su hija, de no más de 12 años. Es que ésto es lo más llamativo de la marcha: la cantidad de chicas menores de edad que hay en las calles. “La revolución de las hijas”, como la nombraría la periodista Luciana Peker, parece haber llegado para quedarse, y luchar por lo que creen legítimo. Muchas están con el uniforme del colegio todavía, llegada la tardecita, y muchas otras se van de la manifestación porque “es tarde y no quiero preocupar a nadie en casa”.

Cerca de las 20 hs. el frío y la lluvia penetran cada vez más en los cuerpos y todos deciden refugiarse por lo menos un rato en alguna pizzería o bar de la zona, que no dan abasto por la cantidad de gente, y se forman filas de hasta media cuadra para poder entrar. Para esa hora se sienten también el cansancio y, sobre todo, la resignación: es vox populi que la ley no sale.

Del otro lado, los celestes, (en contra de la ley) logran una convocatoria ampliamente mayor a la que lograron para la media sanción en Diputados. Instalan un escenario gigante, donde hablará gente reconocida a favor de las dos vidas como Amalia Granata. Se escucha durante todo el día el Himno Nacional y “Zamba de mi esperanza” cantado por un grupo de folkloristas.

Hay muchas familias y jóvenes manifestándose, todos con el pañuelo celeste que los caracteriza. También, algunos grupos pequeños de monjas y de chicos que vinieron con sus colegios. Se saben ganadores y lo hacen notar: el ambiente es de festejo absoluto entrada la noche. “Si a la vida, no al aborto” es el canto que se repite una y mil veces. Se ven muchos más hombres que en el lado verde. En una mesita juntan firmas para armar un “partido celeste”.

Alrededor de la medianoche mucha gente abandona la calle para poder terminar de ver el debate por televisión, resguardados del frio y la lluvia incesante. Quedan solo 4 expositores y entre ellos, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Del lado verde, conteo de números que no dan. Del lado celeste, festejos anticipados.

A las 2.44 de la madrugada del jueves 9 de agosto, los Senadores votan y el resultado es el rechazo de la ley IVE por 38 votos a 31. Ahora sí, festejo final con fuegos artificiales para los celestes. Para las mujeres que llevan el pañuelo verde, llanto, tristeza y decepción. Bronca también. Pero casi inmediatamente se organizan, y hacen un “pañuelazo” de cara al Congreso. “Va a ser ley”, se escucha como un rugido en las calles. Una amiga consuela y abraza a otra que llora desconsolada, afirmándole que este debate, independientemente del resultado, es histórico. Y que no las van a parar hasta conseguir que el aborto sea legal en el país. Y que lo van a lograr, más temprano que tarde.


 

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