? Nadie se salva solo

Se aprobó el presupuesto en cámara baja y a pesar de los esfuerzos, de algunas de esas “tortugas sobre un poste” que nos da la política, para tratar de sugerir que sin Alberto y sin CFK la zona aduanera especial para Misiones nunca habría existido, la provincia está a un paso de un acontecimiento político e histórico.

Esa reverencia a la dirigencia nacional es un ejercicio que personalmente me molesta bastante porque, otra vez, nos pone a los “del interior” en una posición donde solamente podemos recibir las grandes ideas y acciones desde el afuera. Las provincias, en especial las del norte argentino, son un lugar donde nada sucede: animales, tonos terracota y alguna que otra plantación que se manda a Buenos Aires para que le agreguen valor. Como si acá no pasara nada. No se pensara ni diseñara nada.

El proyecto de zona aduanera especial es uno de los puntos en la checklist de Carlos Rovira, el ingeniero que mejor entiendió la ingeniería política nacional y el responsable de plantearle este proyecto en su momento a Néstor, después a Cristina, a Mauricio y recientemente a Sergio y Alberto, con quienes logró su objetivo: poder tachar de su lista de pendientes la zona aduanera especial para Misiones.

La creación de una zona aduanera especial, que se aprueba en uno de los artículos del presupuesto consensuado esta madrugada, mientras quienes no disfrutan tanto de la política dormían, faculta a Alberto Fernández, mediante los ministros de Economía, Martín Guzmán y de Interior, Wado de Pedro, a instrumentar la reglamentación y los beneficios por decreto. Gol de Misiones. De arco a arco.

Más allá de la puerta que se abre para que Misiones tome aún más protagonismo en la balanza comercial/económica del país, teniendo en cuenta que Misiones es la 8va economía de Argentina, con una población de solamente 1.300.000 habitantes, de los cuales el 70% no está en edad de ser económicamente activa; este fue un triunfo de la alta política, es una reivindicación de la rosca, una muestra clara de que los favores hay que pagarlos siempre, pero que también hay que cobrarlos.

Un país no se va a salvar sin los esquemas provinciales que, ahí en el metro cuadrado, tienen el termómetro mejor ajustado que nadie para saber qué necesita su gente. Las provincias no le pedimos a Nación limosnas, le pedimos que nos dejen salir a jugar a una cancha nivelada y con los botines bien calzados, con reglas claras, porque nadie se salva solo.

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