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Con recursos musicales de sobra y un interesante despliegue escénico en el que puso en juego su enorme carisma, Alicia Keys revindicó anoche su lugar de diva de la canción soul en el fantástico paso por el porteño Movistar Arena de su “Alicia+Keys World Tour” 2023, la gira mundial que la trajo de regreso a Latinoamérica.

Una sólida banda que, al igual que la propia protagonista de la noche, osciló sin traumas ni fisuras entre lo orgánico y lo electrónico; un recorrido de dos horas por toda su discografía y algunos guiños al público local, como la presencia de Cazzu como invitada en una canción o la revisita al hit “Calma”, de Pedro Capó y Farruko, en castellano, fueron algunas de las cartas con la que contó la artista estadounidense para mantener el impacto a lo largo del show.

También hubo una interesante puesta escénica y gráficas que le dieron brillo a la noche, aunque sin dudas el gran atractivo lo puso la misma Alicia Keys con sus luminosas canciones que transitaron entre el neosoul, el hip-hop, la electrónica y algunos atisbos de música gospel y ritmos jamaiquinos. Allí destacó su gran voz y sus dotes en el piano, las cuales se ubicaron un escalón por encima de cualquier parafernalia extra musical.

Pasadas las 21.30, la banda, conformada por un guitarrista, un baterista, un tecladista, una corista y un bajista que también sumaba teclados, tomó posiciones en el escenario para dar lugar al ingreso de Alicia Keys, enfundada en brillos y con una capa, en medio de luces y gráficas que mostraban una orbitación por todo el planeta.

Pero la irrupción en el escenario de la artista como una auténtica diva de inmediato encontró asidero en su solidez musical, puesta de manifiesto en su gran capacidad vocal, las cualidades desplegadas en un piano de cola y una interesante lectura de ritmos negros.

En el primer tramo del show pasaron casi sin interrupciones los temas “Nat King Cole”, “Truth Without Love”, “You Don´t Know My Name”, “Wasted Energy”, “Karma”, “New Day”, “Unthinkable”, “So Done” y “Diary”, en un viaje que comenzó con aires de hip-hop, hizo escala en la canción soul, coqueteó con el reggae e invitó a bailar con un pop de raíces afro.

Para entonces, la notable performance de la figura de la noche había encontrado una sólida base en la banda, con una batería que peleaba mano a mano con rítmicas programadas, teclados que daban sustento al armado armónico, una guitarra más volcada a engrosar sutilmente las bases y apenas desgranar algún solo muy puntual, y una corista que multiplicaba voces con colores gospel.

El cierre de la primera parte tuvo la sorpresa del hit playero “Calma”, seguido por “Looking for Paradise”, la colaboración que Alicia Keys realizó con Alejandro Sanz y que también cuenta con pasajes en castellano; y un middle de aires latinos en el que la corista presentó a la banda.

La segunda parte del concierto puso sobre el tapete el enorme talento de Alicia Keys, quien apareció sola, frente a una consola y un teclado, en un mangrullo montado en medio del público, en un ida y vuelta entre la electrónica y la canción intimista.

Como dos caras de una misma moneda, la artista encaró una serie de composiciones en plan DJ, con sonidos y bases disparados desde la consola, de las que también mostró en su versión acústica, sola con el piano, como aseguró que habían sido compuestas originalmente.

“¿Qué prefieren? ¿La versión original o la versión `laptop´?”, preguntó al público en cada uno de los temas antes de hacer el correspondiente pasaje del formato electrónico al acústico, y viceversa.

“The Gospel”, “Plentiful”, “Nobody Knows”, “Skydive”, “It is insane”, “Only You”, “Woman Worth”, “Unbreakable” y “My Boo”, fueron los temas que sonaron en estos formatos.

Con “City of Gods”, una canción que habla “sobre la fe y la esperanza”, según sus propias palabras, emprendió su regreso al escenario principal entre el público, en donde se reencontró con la banda a pleno para el sprint final.

“Try Sleeping” preparó el terreno para la explosión del público con “Girl on Fire”, un empoderamiento femenino que continuó con “Superwoman” y desembocó en la intensidad gospel de “Falling”. “In Common” volvió a darle pulso bailable al show en un in crescendo que derivó en el hit noventoso “Gypsy Women”.

Una de las grandes sorpresas de la noche llegó con la presencia de Cazzu como invitada en el tema “Underdog”, uno de los últimos singles lanzados por la artista estadounidense, en una versión que mostró una armónica convivencia entre el neosoul y el trap.

“No One” marcó el final antes de los bises con “You`ll Never See Me Again” y “Ain`t Got You”, la frutilla de un postre que a esta altura ya había sido devorado con felicidad por el público que colmó el lugar.

Alicia Keys despuntó con una figura rutilante en 2001 con su disco debut “Songs in A Minor” y aunque no bajó el nivel de sus producciones y extendió su dominio hacia el pop, la aparición de artistas disímiles como Amy Winehouse, Adele, Lady Gaga, Beyoncé, Rihanna y de estrellas juveniles pop, por citar algunos ejemplos, parecieron dejar relegada su figura en el firmamento.

Su paso de anoche por el Movistar Arena, en el que se mostró como una sólida artista, capaz de emocionar sola con su piano y de brillar como una diva, pusieron las cosas en su justo lugar. Alicia Keys tiene talento de sobra como para reclamar su espacio en ese selecto firmamento.

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