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“La junta ya no confía en su capacidad para seguir liderando OpenAI”, ha comunicado el consejo de dirección tras acusarle de falta de transparencia.

Terremoto en el gremio de la inteligencia artificial. Sam Altman, cofundador y director ejecutivo de OpenAI, ha sido fulminantemente despedido. “La junta ya no confía en su capacidad para seguir liderando OpenAI”, afirma la compañía en un duro comunicado publicado en el blog oficial a última hora de este viernes en España. Un comunicado que acusa al joven directivo de no haber sido transparente y de haber ocultado presuntamente información a la dirección de la empresa. “La salida del señor Altman se produce tras un proceso de deliberación de la junta, que ha concluido que no fue sincero en sus comunicaciones con la dirección, lo que ha obstaculizado su capacidad para ejercer sus responsabilidades”.

Pocos minutos después de que se anunciase el movimiento, Altman aprovechó su cuenta en X.com, la red conocida antes como Twitter, para pronunciarse. “Me encantó mi tiempo en OpenAI. Fue transformador personalmente y, con suerte, también para el mundo. Sobre todo, me encantó trabajar con gente tan talentosa”, escribió. El cese del directivo tiene efecto inmediato y su sustituta será Mira Murati, directora de tecnología, que actuará como CEO de forma interina. “Miembro del equipo de dirección durante cinco años, Mira ha desempeñado un papel fundamental en la evolución de OpenAI para convertirse en un líder global de IA”, reza el comunicado.

La decisión ha sido una sorpresa mayúscula. En las últimas semanas, Altman había mantenido su agenda con total normalidad. Hace unos días, fue el encargado de inaugurar la conferencia de desarrolladores de la compañía. Un evento en el que anunció, entre otros cambios, la puesta en marcha de una suerte de tienda de aplicaciones. A principio de mes participó en la cumbre que reunió en Reino Unido a cientos de lideres mundiales para discutir sobre la seguridad y el desarrollo de la IA y esta misma semana participó en la Conferencia de Cooperación Asia-Pacífico. Su actividad no daba pie a imaginar este desenlace.

Altman, considerado uno de los personajes más influyentes en todo lo que se refiere a la inteligencia artificial, es uno de los fundadores de OpenAI, una aventura que inició en 2015 tras haber pasado, entre otros lugares, por YCombinator, la aceleradora de startups más importante de Silicon Valley. En la fase inicial, compartió el bastón de mando con Elon Musk hasta la salida del magnate en 2018 por un posible conflicto de intereses con Tesla.

Uno de los cambios que propició Altman fue la reestructuración de OpenAI hace cuatro años, cuando adoptó una estructura más similar a la de una empresa al uso (se montó como una fundación) con el fin de recaudar capital para lograr seguir avanzando en su objetivo de garantizar que la inteligencia artificial generativa “beneficiase a toda la humanidad”. Aunque la compañía era conocida en los mentideros especializados, la fama le llegó a finales del pasado año, cuando lanzó ChatGPT, un chatbot que se convirtió en la aplicación que más rápido alcanzó los 100 millones de usuarios activos. Algo que ocurrió dos meses después de su puesta en circulación.

Semanas después llegó lo que sería, desde el punto de vista financiero, la hormona del crecimiento para OpenAI: una inversión de 10.000 millones de dólares por parte de Microsoft. Desde entonces, la firma liderada por Altman y la multinacional de Redmond se convirtieron en una pareja de baile que se pusieron al frente de la competición para liderar la inteligencia artificial generativa, algo que obligó a Google a mover ficha y acelerar sus planes en torno a esta tecnología. Los creadores de Windows ponían al servicio de los creadores de ChatGPT toda su infraestructura para seguir entrenando y perfeccionando sus modelos y Altman compartía sus desarrollos que serían utilizados para crear herramientas como Bing Chat o Copilot. Microsoft ha enviado a algunos medios un escueto comunicado en el que han dejado claro que el matrimonio empresarial no se va a ver resentido por la salida de Altman. “Tenemos una asociación a largo plazo con OpenAI. Microsoft sigue comprometido con Mira y su equipo mientras llevamos la era de IA a nuestros clientes”.

Informaciones de medios como el Wall Street Journal apuntaban a que la compañía llevaba trabajando semanas en una nueva ronda de financiación que dispararía su valor hasta los 90.000 millones de dólares, algo que le colocaría como la tercera empresa no cotizada más valiosa de todo el mundo, solo por detrás de ByteDance (matriz de TikTok) y SpaceX.

Erich Schmidt, expresidente ejecutivo de Google, ha sido uno de los pesos pesados de Silicon Valley en pronunciarse. “Altman es uno de mis héroes”, ha escrito en X.com. “Construyó una empresa de la nada hasta los 90.000 millones de valoración y ha cambiado nuestro mundo para siempre. No puedo esperar a ver qué hace a continuación. Yo y miles de personas nos beneficiaremos de su trabajo futuro; será simplemente increíble”.

Los movimientos en Open AI también afectarán a otro miembro clave de la empresa. Greg Brockman, cofundador de la compañía y presidente, abandonará su puesto al frente del órgano que precisamente ha tenido que tomar la decisión del despido. Sin embargo, Brockman no abandonará la plantilla. No ha trascendido quién le relevará en el cargo, pero previsiblemente será alguno de los nombres que siguen componiendo el órgano de gobierno de la empresa. A día de hoy, componen la junta el científico jefe de Oen AI, Ilya Sutskever; los independientes Adam DÁngelo (CEO de Quora), la inversora tecnológica Tasha McCauley y Helen Toner, del Centro de Seguridad y Tecnología Emergentes de Georgetown.


Publicado originalmente en El Confidencial

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