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Imola y Miami reflejaron la amenaza de sus principales rivales al neerlandés y el equipo de Milton Keynes, luego de dos años de cómodo reinado, y pronto se irá Adrian Newey.

Cuarenta y dos victorias sobre medio centenar de grandes premios firma Red Bull Racing desde que Max Verstappen destronó en la última carrera de la temporada 2021, en Abu Dhabi, a Lewis Hamilton. MadMax arrasó desde la coronación y la cifra personal en la Fórmula 1 es abrumadora: 38 de los éxitos de la escudería de Milton Keynes fueron del neerlandés, tricampeón del mundo y al que la cátedra señala para extender el dominio al finalizar el calendario. Animal competitivo, con un auto que lleva la rúbrica en el diseño del ingeniero Adrian Newey, se mostró superior al resto y los pronósticos también apuntaron a que difícilmente el título de campeón de 2025 cambiaría de dueño. En el curso actual y con 48 unidades de ventaja sobre Charles Leclerc, de Ferrari, Verstappen manda en el Mundial de Pilotos; entre los constructores, la brecha de RBR es mayor, de 56 puntos sobre la Scuderia. Pero los números a veces no entienden de razones. El conjunto marca el pulso pero por primera vez en dos años es vulnerable: Lando Norris y McLaren expusieron pequeñas debilidades y resquebrajaron la coraza de imbatibles.

Tres autos se establecieron como los más rápidos del Gran Premio de Emilia Romaña en el circuito Enzo y Dino Ferrari, de Imola. Verstappen, Leclerc y Norris se presentaron como potenciales ganadores durante diferentes tramos del fin de semana. El neerlandés se alzó con el triunfo y elevó a tres la serie de victorias consecutivas en el trazado que tiene a Michael Schumacher en la cúspide de los vencedores –antes el GP era de San Marino–, con siete primeros puestos. La tríada de favoritos al escalón más alto del podio es un síntoma saludable para la F. 1, aunque el emparejamiento ofrezca variadas razones que pueden profundizarse o desaparecer durante el resto del calendario.

Red Bull Racing descubrió en Miami y en Imola situaciones que difícilmente se repitan en otros escenarios. En Estados Unidos, donde Verstappen y el equipo al que lidera Christian Horner acumulaban dos festejos en dos grandes premios, Norris sumó su primer éxito en el Gran Circo. Las actualizaciones que presentó la escuadra de Woking, las primeras en el año, añadieron rendimiento y mejoras para que el auto no degradara los neumáticos traseros. La temperatura y una superficie de pista inusual repercutieron en las gomas, que estuvieron propensas a sobrecalentarse. El daño que MadMax le provocó al piso del RB20 al saltarse una chicana, que mermó la performance, y la fortuna de que el Auto de Seguridad ingresara por delante del neerlandés –liberó una parada extra para Norris– se combinaron para que el británico de McLaren se estrenara entre los ganadores en la Fórmula 1, después de 110 carreras.

En la visita a Imola, el desgaste de los neumáticos no se centró en la temperatura sino en la degradación de cada compuesto. En las prácticas RBR no probó los neumáticos duros y por esa razón en la carrera Sergio “Checo” Pérez inmoló su resultado para ser el tester. Los ingenieros de Milton Keynes subestimaron el nivel de deterioro al no ensayar un stint largo en el segundo entrenamiento del viernes. La misión en esa jornada fue otra: lograr un auto equilibrado para desandar las 63 vueltas de la carrera, ya que se aumentó la distancia del auto a la pista para no romper el piso con los baches y los bordillos de las salidas de las curvas. La carga aerodinámica que genera el efecto suelo provoca que los autos sean sensibles a los cambios de altura: Red Bull arrolla con el piso cerca del asfalto pero se muestra incómodo si tiene que elevarlo. No fue casualidad que Verstappen se saliera de la pista en tres ocasiones y terminara séptimo tras dos tandas de prácticas.

La escuadra austríaca llevó actualizaciones aerodinámicas a Imola: el suelo, la incorporación y el perfilamiento de los alerones delanteros y el reposicionamiento del endplate para incrementar la estabilidad en curva propiciaron que se modificara el morro. Son algunas de las revisiones hechas en los autos de RBR, que dentro de un puñado de meses dejará de contar con la asistencia operativa en el equipo de F. 1 del mago de la aerodinámica, Newey. “No es la mejor pista para juzgar las mejoras, pero lo bueno es que las actualizaciones nos dieron lo que esperábamos. Los datos señalan que el comportamiento fue el que se proyectó”, deslizó Horner tras el ajustado triunfo de MadMax, que aventajó por 725 milésimas a Norris después de tener una brecha de casi ocho segundos. El RB20 padeció el segundo stint, mientras que el modelo MCL38 de la factoría de Woking capitalizó el rendimiento con neumáticos duros. ¿Con una vuelta habría cambiado el ganador, porque Norris estaría en rango de DRS de Verstappen en la curva 1? Teoría. “Quizás Verstappen se anticipó al problema del desgaste y los gestionó sabiendo con exactitud cuándo caería la bandera de cuadros”, opinó con pragmatismo Andrea Stella, el director de McLaren.

 

Los 7s916/1000 que Verstappen le sacó a Leclerc son un tiempo importante, pero no exhiben la comodidad con la que Red Bull ganaba en el pasado. “Son buenas noticias para mí, para la F. 1, para el campeonato. Hay tres equipos en siete segundos después de 60 vueltas. Ahora perseguimos centésimas, ya no mejoras que reditúen cinco décimas. Implica que hay que estar seguro de que las actualizaciones funcionan: serán el factor clave para las próximas mejoras”, comentó Frederic Vasseur, el boss de Ferrari. El hombre que reorganizó las piezas para renovar la ilusión en Maranello apunta que para ser competitivo el conjunto deberá encastrar el rendimiento de los pilotos, la puesta a punto del auto, la estrategia, el trabajo de simulación, las paradas en boxes, la gestión de los neumáticos… Factores que tomarán relevancia, al igual que la potencia de los motores.

Las mejoras que exhibió en el ritmo de carrera McLaren, que pulseó por la pole en Imola, y el potencial de Ferrari en trazados más favorables invitan a suponer que Red Bull Racing y Verstappen deberán redoblar esfuerzos para maquillar las debilidades que hasta ahora les eran desconocidas. Y que hicieron que después de 50 grandes premios, se sintieran vulnerables.


Publicado originalmente en La Nacion

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