El PRO emitió un comunicado sobre el escándalo de $Libra, la criptomoneda promocionada por el entorno libertario que terminó desplomándose y generando un fuerte impacto en los inversores. Sin embargo, en lugar de marcar una postura firme contra la situación generada por el gobierno nacional y exigir explicaciones concretas, la declaración de la principal fuerza opositora pareció más una defensa matizada de la gestión de Javier Milei, mientras dirigía sus críticas al kirchnerismo.
En el texto, el PRO reconoce la gravedad del episodio y la necesidad de una investigación profunda, pero evita cualquier cuestionamiento frontal al Gobierno. Se limita a pedir que el proceso sea “riguroso y transparente”, dando por válido el anuncio oficial de una investigación, sin exigir mayores medidas concretas.
El único tramo del comunicado donde el PRO adopta un tono más firme es al referirse al kirchnerismo, al que acusa de “oportunismo” y le niega “credibilidad para dar lecciones de moral y transparencia”. Pero en cuanto a la administración libertaria, el partido apenas sugiere que debe “asumir las responsabilidades políticas que correspondan”, sin señalar directamente a los funcionarios involucrados ni cuestionar el rol del presidente en la promoción del activo digital.
Además, el PRO rechaza la posibilidad de un juicio político en esta instancia, alineándose con el oficialismo y sosteniendo que “Argentina no necesita más grieta ni maniobras políticas irresponsables”. Una postura que contrasta con la que el espacio solía adoptar ante escándalos de magnitud similar durante gobiernos anteriores.
El comunicado no tardó en generar reacciones dentro del propio electorado opositor. Muchos cuestionaron la tibieza del PRO y la falta de una condena contundente a la gestión libertaria, en un escándalo que impactó de lleno en la confianza de los mercados y en los pequeños ahorristas que apostaron por la criptomoneda impulsada desde los círculos cercanos al Presidente.
En medio de la crisis política y financiera desatada por el caso $Libra, el PRO optó por una estrategia discursiva que parece más preocupada por evitar roces con la Casa Rosada que por ejercer un rol de oposición efectiva.
