Todo PSG festeja el tercer gol, anotado por Desiré Doué, en la final de la Champions League ante Inter, disputada en Munich; los de la capital francesa se impusieron por 5-0 y se coronaron por primera vez INA FASSBENDER - AFP
Desde el primer minuto, el PSG impuso condiciones: intensidad, presión alta, movilidad constante y un dominio absoluto de la posesión. Con Joao Neves y Vitinha como generadores de juego, y un esquema sin un “9” definido pero con múltiples amenazas ofensivas, el equipo parisino convirtió la final en una exhibición.
Hakimi abrió el marcador tras una gran asistencia de Vitinha, y luego Doué amplió la ventaja con un remate que se desvió en Dimarco. Inter no logró reaccionar. Apenas una pelota parada ejecutada por Calhanoglu y un cabezazo de Thuram inquietaron a Donnarumma en la primera etapa.
Lejos de conformarse, el PSG siguió atacando en la segunda mitad. Kvaratskhelia marcó el tercero tras una gran combinación ofensiva, Doué selló su doblete con una definición precisa y Mayulu, ingresado desde el banco, coronó la goleada tras una secuencia de pases brillantes en el área rival.
Simone Inzaghi probó con cambios para buscar una reacción, pero no hubo forma: su equipo fue superado táctica, técnica y físicamente. Lautaro Martínez, aislado, apenas participó del juego. Los italianos se vieron desbordados durante los 90 minutos.
Luis Enrique logró lo que ningún otro técnico había conseguido en París: que el PSG funcione como un equipo compacto, coral, sin depender de individualidades. Lo había anticipado meses atrás: sin Mbappé, el conjunto francés sería más equipo. Y la final le dio la razón.
Cada jugador pareció tener claro su rol y el de sus compañeros. Desde Donnarumma en el arco hasta el ingresado Mayulu, todos aportaron en ataque y en defensa. La rotación de posiciones, el juego entre líneas y la precisión en los pases —con picos del 92% de efectividad— dejaron sin respuesta al Inter.
Por primera vez en su historia, el PSG grita campeón de Europa. Y no lo hace de cualquier manera: golea, brilla y deja una huella en Múnich. El 5-0 frente al Inter es la mayor diferencia en una final de Champions League desde su creación en 1955.
El fútbol total que propuso Luis Enrique se cristalizó en la noche más importante del club. Un equipo que ataca con todos, defiende con todos y juega como uno solo. París tiene su primera Orejona. Y la ganó a lo grande.
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