Durante una entrevista, el ministro libertario explicó que la intervención estatal en el mercado yerbatero fue una “compulsión de regular todo lo que funcionaba bien” y que, en realidad, la Argentina tenía un sector muy competitivo, con productores grandes, medianos y pequeños, pero que el Estado convirtió esa competencia en un “sistema cuasi monopolístico” a través del INYM, que fija precios y regula las plantaciones.
Sturzenegger no tuvo pelos en la lengua y aseguró que la normativa que restringía la expansión del cultivo yerbatero era “absurda”. Acusó que “Argentina tenía un sistema en el que estaba prohibido crecer”, indicando que no se podía plantar más de cinco hectáreas en la Argentina, lo cual calificó como una “restricción impuesta por el Estado” que ahora fue eliminada. La medida busca que el mercado sea más libre, y con ella, la decisión de plantar y producir quedó en manos de los productores, sin más controles estatales.
Según el funcionario, la salida del Estado del mercado yerbatero se tradujo en una fuerte reducción del costo final para el consumidor: “El precio de la yerba cayó un 40% en góndola”, afirmó, y remarcó que esto “beneficia a los 47 millones de argentinos”. Para Sturzenegger, la desregulación busca que haya mayor competencia y que el mercado se autorregule, en lugar de depender de controles estatales que, en su visión, solo distorsionaban los equilibrios naturales y favorecían a unos pocos.
Sturzenegger también destacó el potencial de exportación de la yerba mate, señalando que “el mundo toma yerba gracias a los deportistas argentinos”, y bromeó preguntando qué pagarían marcas como Adidas por aprovechar a Messi tomando mate en campañas publicitarias, lo que demuestra la fuerte imagen que tiene Argentina en el mundo.
El funcionario afirmó que la yerba está en casi todas las familias argentinas y que hay que potenciar su crecimiento, no frenarlo. Sin embargo, en las provincias de Misiones y Corrientes, donde la producción es clave, se generan dudas sobre si estas medidas permitirán sostener a los pequeños productores, que aún dependen de mecanismos como el precio de garantía y regulaciones para mantener su actividad.
Con información de Economis
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