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La escena musical argentina atraviesa un duelo difícil de asumir: el pasado 9 de julio murió Araceli Julio, cantante de Satélite Kingston y una de las voces más reconocidas del ska en América Latina. Tenía 39 años, dos hijos y una historia de compromiso que trascendía la música.

Su muerte, ocurrida en el Hospital Central de San Isidro tras una dura lucha contra el cáncer, sacudió no solo al mundo del arte independiente sino también a los sectores que vienen advirtiendo sobre el vaciamiento de la salud pública.

Araceli era nacida en La Plata y desde fines de los 2000 se había convertido en la columna vertebral sonora y emocional de Satélite Kingston, una de las bandas más influyentes del género. Con su voz cálida y potente, supo renovar el repertorio del grupo, imprimirle una sensibilidad melódica inconfundible y tender puentes entre el ska tradicional y la canción popular rioplatense. Grabó discos clave como El enemigo y Todo el tiempo, y convirtió temas como “La última carta”, “En mil años” o “El hilo” en verdaderos himnos del under.

La noticia de su enfermedad se conoció a comienzos de 2024. Pero lo que comenzó como una batalla personal contra el cáncer, terminó visibilizando un drama colectivo: el deterioro del sistema de acceso a tratamientos oncológicos. La cantante había recibido durante meses su medicación a través de la Dirección de Asistencia Directa por Situaciones Especiales (DADSE), dependiente del Ministerio de Salud. Pero tras los recortes presupuestarios, el suministro fue interrumpido. Araceli no se quedó callada.

Con el apoyo de la comunidad musical, presentó un recurso de amparo que fue aprobado por la Justicia, ordenando la inmediata restitución del tratamiento. Sin embargo, el Ministerio apeló el fallo, demorando la entrega de medicamentos en un período crítico. Esa demora, según señalaron sus allegados, tuvo un costo altísimo.

Frente a esta situación, artistas, seguidores y organizaciones culturales organizaron una campaña de recaudación que incluyó un festival solidario el 5 de julio, donde participaron bandas como Staya Staya, Morley Reggae y Los Casettes. En paralelo, Satélite Kingston publicó un nuevo EP grabado en vivo, Justo cuando creías que no, que terminó siendo el último registro de la voz de Araceli.

Su legado no se agotó en Satélite Kingston. También desarrolló un proyecto personal, La Bicicleta de Saturno, donde experimentó con sonidos caribeños, urbanos y folklóricos. Participó del colectivo Boom Chapadama, que unía teatro, danza y percusión, ampliando su perfil como artista integral. Su última presentación fue en febrero, en el Multiespacio Korova, en Palermo.

Desde las redes oficiales de Satélite Kingston confirmaron la noticia con un mensaje cargado de emoción: “Se fue rodeada de seres queridos, también acompañada a la distancia por quienes expresaron su cariño. La vamos a extrañar como aún no sabíamos que se podía extrañar a alguien en esta vida”.

Ya se planea un show homenaje con figuras como Mimi Maura, Flavio Cianciarulo y Los Cafres. Porque su voz —como su lucha— ya es parte de algo mucho más grande: una memoria que no olvida ni perdona, una música que no se calla.

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