Agro y Producción

Renunció el titular del Senasa en medio de tensiones por la vacuna antiaftosa y reclamos del sector rural

La salida de Pablo Cortese de la presidencia del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) abrió un nuevo frente de interrogantes en el corazón del sistema sanitario agroalimentario argentino. El ahora exfuncionario, con más de tres décadas de trayectoria en el organismo, presentó su renuncia este lunes alegando “motivos personales”. Sin embargo, fuentes cercanas apuntan a un combo de desgaste técnico, fricción política y presiones comerciales como factores decisivos.

Cortese había asumido el liderazgo del Senasa el 10 de diciembre de 2023, coincidiendo con el inicio del gobierno de Javier Milei. Durante su gestión, debió pilotear una etapa de recortes presupuestarios, reducción de personal y reformas estructurales impulsadas desde la Casa Rosada en línea con la visión del Estado mínimo del oficialismo.

Una de las principales polémicas que atravesó su paso por el organismo fue la disputa entre laboratorios privados por el suministro de la vacuna contra la fiebre aftosa. Biogénesis Bagó, histórica proveedora, denunció semanas atrás la importación de dosis brasileñas por parte de la firma Tecnovax, también de origen nacional. El conflicto escaló rápidamente y puso al Senasa en el centro de la controversia sobre certificaciones, trazabilidad y control de calidad.

En paralelo, el organismo quedó bajo la lupa del sector agropecuario. El sábado pasado, en el acto central de la Exposición Rural de Palermo, el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, pidió públicamente una profunda reorganización del Senasa. Ante la presencia del presidente Javier Milei, el dirigente ruralista denunció “ineptitud, burocracia obstructiva y clientelismo político y gremial” dentro del ente sanitario.

Pino reclamó un Senasa “moderno, con capacidad real de intervención, visión estratégica y estándares internacionales”, subrayando que “en un país exportador no podemos darnos el lujo de tener un organismo debilitado”. También exigió mantener el estatus sanitario de regiones como la Patagonia y llamó a evitar decisiones que afecten la comercialización interna o externa de carne vacuna.

El propio Cortese, quien siempre privilegió el perfil técnico por sobre el político, habría resentido el creciente nivel de exposición mediática y las presiones cruzadas de actores institucionales y empresarios. Su renuncia, si bien fue sorpresiva, se produce en un contexto de alta sensibilidad para el sistema de control sanitario argentino.

Ahora, con el sillón principal del Senasa vacante, el gobierno nacional deberá definir con rapidez a su reemplazo. En juego no solo está el funcionamiento interno del organismo, sino también la credibilidad de los certificados sanitarios que habilitan exportaciones clave para la economía nacional.


con información de Clarín

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