De acuerdo con el reporte policial, la planta ilegal operaba mediante la compra de combustible etanol en estaciones de servicio, que luego era mezclado con bebidas como vodka para su venta. El combustible adulterado contenía metanol, una sustancia altamente tóxica, cuya ingesta puede provocar ceguera, daño neurológico e incluso la muerte.
La investigación comenzó tras los primeros dos decesos registrados en la capital paulista, cuando las víctimas consumieron supuesta “vodka” en un mismo bar del barrio Mooca, en la zona este de la ciudad.
Durante las diligencias, los investigadores identificaron a los presuntos fabricantes y, tras cumplir órdenes de allanamiento y secuestro, lograron desmantelar la fábrica pirata.
En el lugar, fue detenida una mujer, señalada como propietaria del establecimiento. Según confirmaron las autoridades, será imputada por falsificación, corrupción o adulteración de productos alimenticios, delitos contemplados en el Código Penal brasileño.
En el local donde las víctimas habían ingerido las bebidas, los peritos incautaron nueve botellas: una de gin y ocho de vodka, tanto abiertas como cerradas.
Los análisis revelaron altos niveles de metanol en ocho de ellas, con concentraciones que iban desde el 14,6% hasta el 45,1%.
Una de las víctimas identificadas fue el empresario Ricardo Lopes Mira, de 54 años, quien habría consumido una de las bebidas adulteradas.
El hallazgo generó preocupación entre las autoridades sanitarias de Brasil, que advirtieron sobre el riesgo del consumo de alcohol de procedencia desconocida, especialmente en contextos de venta informal.
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