El gobierno de Río de Janeiro intensificó sus operaciones contra el Comando Vermelho, la organización criminal más antigua y poderosa de Brasil, en una ofensiva que dejó al descubierto su expansión y capacidad operativa en casi todo el territorio nacional.
Las fuerzas de seguridad realizaron durante las últimas semanas una serie de operativos en favelas y zonas controladas por la facción, con enfrentamientos armados que derivaron en múltiples muertes y detenciones. Sin embargo, los especialistas advierten que la represión policial no logra frenar el avance del grupo, que ya se consolidó en estados del norte, nordeste y centro-oeste del país.
Según las autoridades, el Comando Vermelho —fundado en los años 70 dentro del sistema penitenciario de Río— mantiene una estructura jerárquica con presencia en al menos 23 estados brasileños. Su control se extiende sobre rutas del narcotráfico, armas y minería ilegal, con una red de alianzas locales que refuerzan su poder frente a otras facciones como el Primeiro Comando da Capital (PCC).
El gobernador de Río de Janeiro, Cláudio Castro, aseguró que el Estado “no va a ceder territorio al crimen organizado” y prometió redoblar las operaciones. No obstante, los analistas señalan que la guerra contra el Comando Vermelho se ha convertido en un problema estructural, con fuertes impactos en la seguridad y la gobernabilidad del país.
La violencia asociada al narcotráfico y al control territorial sigue afectando la vida cotidiana de millones de brasileños, especialmente en comunidades vulnerables. Mientras tanto, las fuerzas federales buscan coordinar una estrategia conjunta con los gobiernos estatales para contener el avance del grupo.
Con información de Infobae
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