Según señalaron, la decisión afecta directamente a cerca de 12.500 productores, en su mayoría pequeños y medianos, que quedan expuestos a negociar en desventaja frente a los grandes industriales que almacenan stock por un año. La eliminación de los artículos que permitían fijar precios, remarcan, profundiza una situación de insolvencia que ya venía deteriorándose.
En declaraciones a El Destape, el productor Marcel Hacklander, exintegrante del INYM, explicó que el sector optó por no comenzar la cosecha estival porque “los bajos precios y los altos costos, nos dejan en jaque”. Agregó que “de los 12.500 productores, seguramente más de 10.000 estamos de acuerdo en no cosechar”.
Actualmente, el kilo de yerba ronda los 285 pesos, mientras que los costos se ubican cerca de los 245 pesos. El margen mínimo, advierten, implica trabajar prácticamente a pérdida, lo que vuelve inviable sostener la actividad en estas condiciones.
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