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Brasil cerró 2024 con los indicadores más favorables de renta, desigualdad y pobreza desde 1995. Así lo muestra una nota técnica del Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada (Ipea), elaborada a partir de datos del Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE) y presentada este martes.

En tres décadas, la renta domiciliar per cápita aumentó cerca de 70%, el coeficiente de Gini cayó casi 18% y la extrema pobreza retrocedió de 25% a menos de 5%. El avance no fue lineal: tuvo su mayor impulso entre 2003 y 2014, retrocedió entre 2014 y 2021 y volvió a crecer con fuerza entre 2021 y 2024, luego del ciclo de recesión, lenta recuperación y el impacto de la pandemia.

Tras tocar su piso en una década, la renta per cápita repuntó más de 25% en términos reales durante los últimos tres años, acompañado por una fuerte caída de la desigualdad. Es el mayor crecimiento desde el Plano Real.

“Los resultados muestran que es posible reducir intensamente la pobreza y la desigualdad, pero que estos movimientos pueden estancarse o retroceder por múltiples factores”, explicaron los autores del estudio, Marcos Dantas Hecksher y Pedro Herculano Souza.

Según el análisis, la mejora reciente se explica por el dinamismo del mercado de trabajo y por el peso de las transferencias de ingresos. Ambos factores representaron casi la mitad de la reducción de la desigualdad y del descenso de la extrema pobreza entre 2021 y 2024. Programas como Bolsa Família, BPC, Auxílio Brasil y Auxílio Emergencial ganaron eficacia después de 2020.

Aun así, el efecto de estas transferencias perdió fuerza entre 2023 y 2024 con el fin del ciclo expansivo, mientras que el mercado laboral mantuvo una influencia decisiva en los indicadores sociales.

Para Hecksher, las desigualdades deben enfrentarse con un conjunto amplio de políticas: mejor focalización del gasto social, un sistema tributario más equitativo, mayor productividad para los trabajadores de menores ingresos y una reducción en la proporción del presupuesto destinada al pago de intereses de la deuda.

En 2024, Brasil registró las tasas más bajas de pobreza de la serie: 4,8% de la población vivía bajo la línea de extrema pobreza (US$ 3 diarios) y 26,8% bajo la línea de pobreza (US$ 8,30 diarios). Más del 60% de la reducción de la extrema pobreza desde 2021 se explica por mejoras distributivas.

La nota técnica advierte, sin embargo, que el impulso observado en la etapa pospandemia podría perder ritmo con el cierre de la expansión asistencial, dejando al mercado de trabajo como principal motor en los próximos años. El estudio también recuerda que las encuestas domiciliarias suelen subestimar los ingresos más altos y parte de las transferencias sociales, lo que exige cautela en la interpretación de los resultados.

El documento concluye que el periodo reciente marca un cambio estructural: después de años de estancamiento o retrocesos, renta, pobreza y desigualdad mejoraron al mismo tiempo y de manera acelerada.

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