El primer ministro de Bulgaria, Rossen Jeliazkov, anunció este jueves la dimisión completa del gobierno, un día después de una nueva protesta multitudinaria que denunció corrupción estatal y a pocas semanas de que el país adopte el euro como moneda oficial.
“Les informo de que el gobierno dimite hoy. Escuchamos la voz de la ciudadanía. Sus demandas son la renuncia del Gobierno. Esta energía cívica debe ser apoyada y alentada”, declaró Jeliazkov mientras el Parlamento debatía una moción de censura impulsada por la oposición.
Un gobierno debilitado y con escaso respaldo social
En su discurso, el primer ministro reivindicó lo que consideró logros de gestión: estabilidad macroeconómica, aumento de ingresos fiscales y un presupuesto 2026 orientado a la protección social. Sin embargo, reconoció el desgaste político:
“Todo esto parece no haber podido explicarse completamente, o nuestros oponentes políticos no quisieron comprenderlo”, señaló, antes de admitir que la protesta ciudadana reflejaba un rechazo profundo “a la vanidad, la arrogancia” y a un estilo de conducción desconectado.
El líder opositor Assen Vassilev, del partido Continuamos el Cambio, celebró la renuncia y la definió como “el primer paso hacia la transformación de Bulgaria en un Estado europeo normal”, reclamando elecciones libres y justas.
Analistas consultados por AFP sostienen que la caída del gobierno estuvo impulsada por una profunda desconfianza social y por el temor a un aumento de precios ante la inminente adopción del euro.
“La sociedad búlgara se encuentra en una situación de gran unidad contra el modelo de gobierno del país”, afirmó el sociólogo Dobromir Zhivkov.
Un estallido social que creció en semanas
El gobierno de Jeliazkov, formado en enero como una coalición entre los conservadores del GERB y otras fuerzas con apoyo de la minoría turca, enfrentó un creciente malestar desde finales de noviembre. El detonante fue el intento oficialista de aprobar por vía rápida el presupuesto 2026, el primero redactado en euros.
La oposición denunció que el proyecto incluía subas de impuestos y cotizaciones que intentaban tapar desvíos de fondos, mientras que el movimiento de indignados —con fuerte participación juvenil— ganó fuerza en todo el país.
El miércoles por la noche, decenas de miles de personas salieron a las calles de Sofía y otras ciudades. Con carteles que decían “¡Dimite!” y “¡Estoy harto!”, los manifestantes exigieron el fin de la corrupción estructural.
“La corrupción se volvió intolerable”, dijo a AFP Gergana Gelkova, joven de 24 años que aseguró que la mayoría de sus amigos emigró y no planea volver.
La presión obligó al gobierno a retirar el proyecto de presupuesto el 3 de diciembre, pero la desconfianza ya era irreversible.

