El Instituto Nacional de la Yerba Mate avanzó con una fuerte desregulación del sector yerbatero al aprobar la Resolución 146/2025, publicada en el Boletín Oficial, que elimina dos reglas históricas que regían la actividad desde hace años.
Por un lado, el organismo derogó la resolución que prohibía la cosecha y la secanza de yerba mate durante los meses de octubre y noviembre. Esa norma había sido creada originalmente para proteger la planta, ya que en ese período la yerba mate se encuentra en etapa de brotación y floración, una fase clave de su ciclo biológico. El objetivo era evitar daños al cultivo y preservar la calidad del producto final.
Con la nueva resolución, esa prohibición deja de existir. A partir de ahora, no hay una restricción legal que impida cosechar en esos meses, y la responsabilidad sobre el respeto de los ciclos de la planta y la calidad de la yerba queda en manos de cada productor y operador.
Además, el INYM eliminó la normativa que fijaba un tope máximo del 35% de palo y polvo en la yerba mate, un parámetro que regulaba la composición del producto. Al dejar sin efecto ese límite, el Instituto deja de intervenir en ese aspecto específico, en línea con el nuevo marco legal que le impide establecer regulaciones que puedan influir en la dinámica del mercado.
Según se detalla en los considerandos de la resolución, estas decisiones responden a los cambios introducidos por el DNU 70/2023 y el Decreto 812/2025, que redefinieron el rol del INYM. A partir de ese nuevo esquema, el organismo ya no puede dictar normas que generen distorsiones de precios, limiten la oferta, impongan barreras o interfieran en la libre iniciativa privada.
El propio texto aclara que el INYM no abandona el control, pero sí restringe su función a tareas de fiscalización, trazabilidad, sanidad y verificación de calidad, sin intervenir en calendarios de cosecha ni en reglas que afecten la comercialización.
La Resolución 146/2025 también deja constancia de que el proceso de revisión normativa no está terminado y que el Directorio continuará analizando otras resoluciones vigentes para adecuarlas al nuevo marco nacional.
En la práctica, la medida implica un cambio profundo en la forma en que se regula la yerba mate en la Argentina, con menos reglas obligatorias y mayor responsabilidad trasladada a los actores de la cadena productiva. El impacto real comenzará a verse en la próxima zafra.
