La reacción fue contundente. El barril de Brent, referencia clave para Argentina, se desplomó un 13% en cuestión de horas. Pasó de cotizar por encima de los 110 dólares a ubicarse en torno a los 95 dólares, en una de las jornadas más volátiles de los últimos tiempos para el sector.
El anuncio de Washington apunta a abrir una ventana de negociación y evitar una escalada regional mayor. En ese contexto, los mercados pasaron rápidamente de la incertidumbre extrema a una toma de ganancias, especialmente en el sector energético, donde los precios venían impulsados por el riesgo geopolítico.
El impacto no se limita al plano internacional. En Argentina, la caída del crudo llega en un momento sensible, con precios de los combustibles en niveles elevados. En algunas provincias, como Mendoza, la nafta súper ya había superado los $1.900, empujada por la suba previa del petróleo.
Ahora, con este retroceso del Brent, el escenario cambia. Si bien en el mercado local los precios suelen tener una dinámica asimétrica —suben rápido pero bajan más lento—, la baja internacional le quita margen a las petroleras para justificar nuevos aumentos en el corto plazo.
En ese marco, empresas como YPF, Shell y Axion quedan bajo presión para revisar sus esquemas de actualización. Analistas del sector coinciden en que, si la tregua se sostiene, los incrementos previstos para los próximos días podrían moderarse o incluso quedar en suspenso.
El dato clave pasa a ser la duración real de esta pausa en el conflicto. Si se consolida un canal de negociación, el petróleo podría estabilizarse en niveles más bajos. Si fracasa, la volatilidad volverá a dominar el mercado.
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