La NASA confirmó que el fuerte estallido sónico que sorprendió durante el fin de semana a habitantes del noreste de Estados Unidos fue provocado por el ingreso de un meteorito de 1,5 metros de diámetro que explotó en la atmósfera terrestre a altísima velocidad.
El fenómeno ocurrió sobre la región de Nueva Inglaterra y provocó un doble estruendo que se sintió en distintos puntos de Massachusetts, Rhode Island y otras zonas cercanas, generando preocupación entre miles de personas.
Durante varias horas circularon especulaciones sobre posibles sismos, explosiones o incluso actividad aérea anormal. Sin embargo, tras analizar los registros y recopilar información, la agencia espacial estadounidense confirmó que se trató de un objeto natural proveniente del espacio y descartó cualquier relación con basura espacial o satélites fuera de control.
Según el informe oficial, el meteorito tenía aproximadamente 1,52 metros de diámetro y un peso similar al de un elefante adulto.
La roca ingresó a la atmósfera a una velocidad estimada de 67.592 kilómetros por hora. Debido a la enorme fricción generada con el aire, el cuerpo comenzó a desintegrarse violentamente a gran altura, liberando una energía equivalente a unas 230 toneladas de TNT.
Esa explosión atmosférica fue la responsable de la onda expansiva que se percibió en distintos estados del noreste estadounidense e incluso en regiones más alejadas como Delaware y Montreal, en Canadá.
El estruendo provocó vibraciones en viviendas, alteró el comportamiento de mascotas y disparó cientos de consultas en redes sociales y organismos oficiales.
Una trayectoria sobre la costa y fragmentación en el aire
De acuerdo con los datos difundidos por la NASA, el meteorito recorrió unos 41,8 kilómetros dentro de la atmósfera antes de fragmentarse completamente a unos 50 kilómetros de altitud.
La trayectoria del objeto fue desde el noroeste hacia la bahía de Cape Cod, frente a la costa de Massachusetts.
Los especialistas señalaron que solo pequeños fragmentos aislados habrían alcanzado las aguas de la bahía luego de la explosión principal.
Desde la agencia espacial remarcaron que este tipo de eventos ocurre con frecuencia en la Tierra, aunque la mayoría pasa inadvertida porque sucede sobre océanos, zonas deshabitadas o durante el día.
En este caso, el fenómeno tuvo una enorme repercusión debido a que ocurrió sobre una región densamente poblada y generó un impacto sonoro inusual para la población.
Falsas alarmas de terremoto y confusión entre los vecinos
El estruendo inicial generó desconcierto entre los habitantes de distintos estados, donde muchas personas creyeron estar frente a un terremoto o una explosión de gran magnitud.
Ante la cantidad de reportes, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) intervino para verificar si existía actividad sísmica relacionada con el episodio.
Finalmente, el organismo confirmó que sus sismógrafos no detectaron movimientos tectónicos ni alteraciones en las placas continentales.
Según explicaron las autoridades, las vibraciones percibidas por la población fueron consecuencia exclusiva de la explosión sónica generada por el meteoro al desintegrarse en la atmósfera.
El episodio volvió a poner en evidencia cómo fenómenos astronómicos relativamente pequeños pueden generar efectos masivos cuando ocurren cerca de áreas urbanas y en condiciones atmosféricas particulares.
La NASA confirmó que el fuerte estallido sónico que sorprendió durante el fin de semana a habitantes del noreste de Estados Unidos fue provocado por el ingreso de un meteorito de 1,5 metros de diámetro que explotó en la atmósfera terrestre a altísima velocidad.
El fenómeno ocurrió sobre la región de Nueva Inglaterra y provocó un doble estruendo que se sintió en distintos puntos de Massachusetts, Rhode Island y otras zonas cercanas, generando preocupación entre miles de personas.
Durante varias horas circularon especulaciones sobre posibles sismos, explosiones o incluso actividad aérea anormal. Sin embargo, tras analizar los registros y recopilar información, la agencia espacial estadounidense confirmó que se trató de un objeto natural proveniente del espacio y descartó cualquier relación con basura espacial o satélites fuera de control.
Según el informe oficial, el meteorito tenía aproximadamente 1,52 metros de diámetro y un peso similar al de un elefante adulto.
La roca ingresó a la atmósfera a una velocidad estimada de 67.592 kilómetros por hora. Debido a la enorme fricción generada con el aire, el cuerpo comenzó a desintegrarse violentamente a gran altura, liberando una energía equivalente a unas 230 toneladas de TNT.
Esa explosión atmosférica fue la responsable de la onda expansiva que se percibió en distintos estados del noreste estadounidense e incluso en regiones más alejadas como Delaware y Montreal, en Canadá.
El estruendo provocó vibraciones en viviendas, alteró el comportamiento de mascotas y disparó cientos de consultas en redes sociales y organismos oficiales.
Una trayectoria sobre la costa y fragmentación en el aire
De acuerdo con los datos difundidos por la NASA, el meteorito recorrió unos 41,8 kilómetros dentro de la atmósfera antes de fragmentarse completamente a unos 50 kilómetros de altitud.
La trayectoria del objeto fue desde el noroeste hacia la bahía de Cape Cod, frente a la costa de Massachusetts.
Los especialistas señalaron que solo pequeños fragmentos aislados habrían alcanzado las aguas de la bahía luego de la explosión principal.
Desde la agencia espacial remarcaron que este tipo de eventos ocurre con frecuencia en la Tierra, aunque la mayoría pasa inadvertida porque sucede sobre océanos, zonas deshabitadas o durante el día.
En este caso, el fenómeno tuvo una enorme repercusión debido a que ocurrió sobre una región densamente poblada y generó un impacto sonoro inusual para la población.
Falsas alarmas de terremoto y confusión entre los vecinos
El estruendo inicial generó desconcierto entre los habitantes de distintos estados, donde muchas personas creyeron estar frente a un terremoto o una explosión de gran magnitud.
Ante la cantidad de reportes, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) intervino para verificar si existía actividad sísmica relacionada con el episodio.
Finalmente, el organismo confirmó que sus sismógrafos no detectaron movimientos tectónicos ni alteraciones en las placas continentales.
Según explicaron las autoridades, las vibraciones percibidas por la población fueron consecuencia exclusiva de la explosión sónica generada por el meteoro al desintegrarse en la atmósfera.
El episodio volvió a poner en evidencia cómo fenómenos astronómicos relativamente pequeños pueden generar efectos masivos cuando ocurren cerca de áreas urbanas y en condiciones atmosféricas particulares.
