La base científica Concordia registró una temperatura de -84,1 °C durante el invierno austral, la marca más baja documentada en el planeta desde 2012. La medición se produjo el 18 de julio en uno de los sectores más aislados de la Antártida.
El dato fue confirmado por el Instituto Polar Francés Paul-Émile Victor y el Programa Nacional Italiano de Investigación Antártica, organismos que administran conjuntamente la estación científica.
La temperatura fue registrada en dos oportunidades durante aquella mañana, a las 6:25 y a las 6:34, con apenas nueve minutos de diferencia. La repetición de la medición permitió confirmar la consistencia del valor.
Aunque en la base son habituales las temperaturas inferiores a los -80 °C durante el invierno, el registro sorprendió a los investigadores por su intensidad. De todos modos, no superó el mínimo histórico de Concordia, que fue de -84,7 °C en 2010.
La ubicación de la estación resulta determinante para explicar estos valores. Concordia se encuentra a más de 3.000 metros sobre una extensa capa de hielo y a casi mil kilómetros de la costa antártica.
Durante el invierno, la región permanece varios meses sin recibir luz solar. A esto se suman una atmósfera extremadamente seca y estable, cielos despejados y la ausencia de nubes capaces de retener el calor.
“Durante el invierno, no hay luz solar durante meses, la atmósfera es extremadamente seca y estable, y bajo cielos despejados el calor se escapa continuamente hacia el espacio porque no hay nubes que lo retengan”, explicó Gabriele Carugati, coordinador italiano de la estación y responsable del PNRA en Concordia.
Estas condiciones permiten que la superficie pierda energía de manera continua y que las temperaturas desciendan hasta niveles extremos.
Los especialistas aclararon que una temperatura excepcionalmente baja en un punto específico de la Antártida no implica un retroceso del calentamiento global.
El clima se analiza a partir de tendencias sostenidas durante décadas y a escala planetaria, mientras que los episodios meteorológicos corresponden a situaciones puntuales que pueden variar según el lugar, la altitud, la circulación atmosférica y la época del año.
La Antártida continúa atravesando una pérdida progresiva de masa de hielo, al mismo tiempo que el océano Austral registra un aumento sostenido de la temperatura. Estas transformaciones afectan los ecosistemas polares y modifican las condiciones de vida de numerosas especies.
La elevada variabilidad del clima antártico también quedó reflejada a comienzos de junio, cuando una estación situada en la península registró 15,2 °C, una de las temperaturas invernales más altas observadas en esa región.
Ese episodio estuvo relacionado con una prolongada ola de calor que mantuvo durante varias semanas valores superiores al punto de congelación. De esta manera, un mismo continente registró en pocas semanas dos eventos meteorológicos extremos y opuestos.
Con información de Live Science.
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