Desde que el Rally Patrimonial comenzó a realizarse en 2019, cada edición tuvo una identidad propia. Detrás de esa construcción visual está “Pedro”, diseñador gráfico y web de Posadas, quien se ocupa de pensar y desarrollar la gráfica del evento como parte del trabajo de 2116 Estudio. Su perfil profesional registra además distintos proyectos vinculados con diseño, ilustración e identidad visual.
Con la octava edición ya realizada, “Pedro” mostró el recorrido completo de ese proceso: ocho símbolos diferentes que, vistos en conjunto, funcionan como una familia.
La idea comenzó a tomar forma en la segunda edición. Según explicó el propio diseñador, decidió que cada nueva gráfica debía ser “heredada”: mantener alguna relación con la anterior, aunque sin repetirla. “La misma idea, pero de otro modo”, resumió.
El resultado puede observarse en las ocho piezas desarrolladas hasta ahora. Todas parten de formas geométricas construidas mediante módulos, líneas y bandas que se cruzan, giran o se superponen. Cambian las combinaciones cromáticas, las proporciones, las direcciones y hasta aparecen texturas vinculadas con la identidad regional, pero permanece una lógica visual reconocible.
Así, el trabajo dejó de ser simplemente la creación de un logotipo diferente cada año para convertirse en un sistema gráfico en evolución. Cada edición puede funcionar de manera independiente y, al mismo tiempo, dialogar con las siete anteriores.
Ese concepto acompaña a un evento que también se construye alrededor de la identidad misionera. El Rally Patrimonial y Turístico propone recorrer distintos puntos de la provincia para conocer paisajes, arquitectura, producción yerbatera, historia y patrimonio cultural. Desde la organización señalan que la propuesta nació precisamente con la intención de visibilizar y preservar esos espacios a partir del conocimiento.
La octava edición volvió a partir desde Posadas y recorrió Candelaria, Loreto y San Ignacio. Con casi 100 participantes y alrededor de 28 vehículos, el Rally acumula ya unos 40 sitios visitados a lo largo de sus distintas ediciones.
Para “Pedro”, esa continuidad representa también un desafío creativo. Después de ocho versiones, admite que cada año vuelve a aparecer la duda sobre cómo continuar una identidad que debe cambiar sin dejar de parecer parte del mismo proyecto.
Ocho años después, las piezas permiten ver justamente eso: no ocho marcas aisladas, sino ocho capítulos visuales de una misma historia.
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