Mis pasiones y mis tareas me tienen conectado casi todo el tiempo que estoy despierto. Me levanto con el celular en la mano y me acuesto a dormir entre tweets y posts (sí, sigo usando Twitter). Analizo métricas, leo, escribo, trazo estrategias y diseño para las redes sociales a diario, y me tiene profundamente preocupado notar que son contados con los dedos de una mano los dirigentes políticos locales que están apenas usando de manera semiefectiva (no me animo a decir sacándole el jugo) a las herramientas que nos regalaron (a cambio de nuestros datos) tipos como Mark y Jack.

Algunos hacen apuestas jugadas como contratar consultores de grandes ciudades y otros se arreglan con un manojo de militantes. El gris del centro lo llenan esos que mencionaba en el párrafo anterior.
¿Cuál es el drama de contratar empresas de afuera de Misiones (más allá de la experiencia, trayectoria y formación) para administrar las redes sociales de alguien que aspira a estar en contacto con misioneros? Son forasteros. La idiosincrasia misionera, las construcciones del imaginario urbano sobre la provincia, lo vernáculo del lenguaje; son filtros que manejamos bien nosotros y casi nadie más.

¿Cuál es el drama en arreglárselas con un puñado de militantes? En primer lugar, es muy raro que tengan lugar para críticas o que la proximidad constante con el funcionario/jefe les permita descubrirlas. Luego, existen pocos cuadros técnicos en nuestros partidos políticos (tanto en los de origen misionero como en los nacionales que tienen representación local) que se muevan con soltura y eficacia en entornos digitales y los que encima entienden algo de política, son muchos menos. Los años que dura una gestión no alcanzan para capacitar y formar sólidamente a gente si no los condenamos a seguir a un funcionario adonde sea que vaya; exponiéndola a ser su sombra y por lo tanto negarle toda posibilidad de crecimiento profesional o político, si sus aspiraciones iban por ahí.

En cualquiera de estos escenarios, lo mejor que le puede pasar al candidato/funcionario es terminar con redes sociales vistosas y con muchos “likes” o seguidores. ¿Es esa la función de las redes sociales para un político?

Desde el 2012, el equipo de Mauricio Macri comenzó a generar su estrategia de utilizar Facebook como plataforma principal para la campaña “Mauricio presidente”. Pero fue durante los dos últimos años de la campaña, que se buscó construir al candidato como una persona real, acercarlo a los ciudadanos a través de Facebook y que por este medio ellos puedan efectivamente dialogar con él. Desde la vereda de enfrente no tardaron en llegar las burlas, apodos y memes. Macri ganó con el 51,34 % de los votos en la segunda vuelta, no es un número muy holgado si hacemos comparaciones, pero son otros números de su campaña los realmente importantes:

  • 350.238 voluntarios inscriptos a través de Facebook.
  • 92% de la población activa de Facebook en Argentina alcanzada, el equivalente a 26.100.000 de personas.
  • 3.400.000 vistas a los videos durante la campaña entre septiembre y diciembre de 2015.

Lograron hacer al candidato visible para el 92% de la gente que usa de manera regular Facebook en todo el país. No importa en qué o en quién creas. Lo viste. Lo leíste. Te llegó su información.

Las emociones no suelen ser tenidas en cuenta en las redes sociales de los políticos, por lo menos de los locales. El gran interés suele pasar por lograr que la gente elija colocar mi boleta o la de mi partido en un sobre y luego en una urna de cartón corrugado. Por muchos (demasiados) años quienes asesoran a los políticos pensaron en la gente con planteos binarios: el elector vota a mi cliente o no vota a mi cliente. En realidad las relaciones con los candidatos y funcionarios se volvieron, en esta era digital, tan complejas como las que tenemos los demás con otras personas. El por qué eligen a alguien o a un partido sigue siendo importantísimo, pero hay que sumarle la variable de cómo se sienten al hacerlo. Las personas se exponen constantemente en las redes sociales y necesitan saber que sus decisiones electorales son las que mejor hablan de ellos. Es por esta razón que podemos notar que alguien abrió el grifo de los outsiders; de alguna manera “la política” se está llenando de “no políticos”. Este fenómeno es, entre otras razones, explicado por lo mencionado anteriormente: la gente vota, ya no a quienes lo representan, si no a quienes lo reflejan, aunque sea aspiracionalmente.

En esta campaña en pos de las P.A.S.O. pudimos ver cosas increíbles, además de las alianzas que ofenden y los saltos de jóvenes dirigentes de espacio en espacio; se vió a dirigentes ya entrados en edad pegar manotazos de ahogados digitales: fotos con gente a la que no le darían la hora en la calle en otro contexto, fotos con chipas para vender la onda popular, fotos con bebidas invocando a la pachamama (?), videos que habrán sido editados por sobrinos, dirigentes que te envían o publican fotos y videos de eventos de hace 3 o 4 días y encima, publicidad de candidatos de otras provincias; como si la geolocalización no existiera. La mayoría de nuestros dirigentes no están entendiendo nada y están siendo asesorados por gente que entiende tanto como ellos. La política y todo el universo que la compone avanza a un ritmo escandaloso hacia una “profesionalización”, depende de nosotros seguirle el ritmo o ir mirándole el culo.

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