Desde hace poco más de un año, con la autorización a operar en el país dada por el Ministerio de Transporte de la Nación a distintas líneas aéreas de bajo costo, se instaló en la sociedad el tema. Unos meses después, se autorizaría a operar a la primera “low cost” Argentina (FlyBondi) y luego a una de reconocida experiencia internacional, que ya se encuentra haciendo vuelos regulares entre Argentina y otros países (Norwegian).

Un viaje desde Misiones a Buenos Aires en avión, era algo excepcional para la población de clase media, que a pesar de que implicaba más de 10 horas extra, prefería viajar en colectivo, ya que el ahorro era importante. Pero de a poco se fue acortando la brecha, y sacar un pasaje aéreo con anticipación suficiente, traía aparejado un costo similar al de viajar por tierra, pero eso implicaba tener que prever con un par de meses de antelación, cuándo irse y cuándo volver.

Pero los tiempos cambian, y con ello, las necesidades y prioridades de la población. Es muy reconocida la anécdota de American Airlines, que en el año 1987 y ante la necesidad de bajar costos de mantenimiento, decidió quitar una aceituna de cada ensalada que se sirviera en primera clase en cada uno de sus vuelos, durante un año. Con ello, se obtuvo un ahorro de US$ 40.000 por avión de la empresa, sin que los clientes siquiera se percataran al degustar sus comidas. Y eso hizo pensar: ¿y si hubieran sacado dos aceitunas? ¿O todas? ¿Y si hubieran directamente sacado la comida, o eliminado la primera clase? ¿Cuál sería el ahorro? ¿Y eso, podría traducirse en una reducción de los precios de los pasajes? La respuesta: las líneas aéreas low cost.

La fórmula es tan simple como económica. No operan desde ni hacia los aeropuertos principales de cada país, abaratando tasas, pagando en definitiva el cliente por su asiento y el traslado de un punto hacia otro. Dependiendo de la empresa, puede incluir algún servicio, como equipaje de mano gratuito o un snack a bordo, pero por lo general, si uno quiere llevar su valija en la bodega, comer o beber algo a bordo, o simplemente prefiere sentarse en la ventanilla, en el pasillo, junto a un amigo o en un asiento más adelante, implica un costo extra. De esta forma, poniendo como ejemplo un viaje a Buenos Aires, quien solo necesita el transporte puede llegar a pagar por un vuelo ida y vuelta, casi lo mismo que un pasaje en colectivo, solo de ida, sin necesidad de sacar el boleto 6 meses antes.

El 26 de enero se hizo el primer viaje de FlyBondi (de Córdoba a Puerto Iguazú) y el 15 de febrero aterrizó en el país el primer vuelo internacional de Norwegian, proveniente de Londres. Con numerosas rutas autorizadas, el retraso en el inicio de las operaciones en el país muchas veces se debe a las reestructuraciones de los aeropuertos, para soportar el mayor volumen de vuelos y pasajeros que empezarán a recibir. En Misiones por ejemplo, el Aeropuerto de la ciudad de Iguazú se encuentra actualmente y hasta aproximadamente mediados de mayo, en un proceso de reformación.

Córdoba y Buenos Aires,  ya están disponibles a través de líneas aéreas bajo costo desde Posadas o Iguazú (este último también tiene un vuelo a Tucumán). Y ya hay concesiones para Rosario, Santa Fe, Resistencia, Neuquén, El Calafate, y solicitud de autorizaciones para operar desde Puerto Iguazú hacia Porto Alegre, Rio de Janeiro, San Pablo, Curitiba y Santiago de Chile (¡mantengan los dedos cruzados muchachos!). Nunca tan literal, y afortunadamente, ¡el cielo es el límite!

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