«Yo disparé, lo maté, era entre él o yo, cualquier animal hubiera hecho lo mismo», dijo el líder de Intoxicados.

Vestido como cuando desapareció, con una tranquilidad increíble y ya asesorado legalmente por estas horas, el cantante Cristian «Pity» Álvarez confesó el crimen de Cristian Díaz a las cámaras de TV y demás medios, antes de entregarse en la comisaría de Villa Lugano.

EL AUTO DEL PITY. Según informaron fuentes policiales, en el auto del artista, un Volkswagen Polo, se encontraron los papeles del vehículo, un boleto de compra-venta y la cédula verde de una moto Yamaha XTZ, 16 mil dólares, jeringas hipodérmicas utilizadas y sin utilizar, envoltorios de pasta base, cuatro discos rígidos, una munición de un calibre .45 sin percutar, el pasaporte del músico, fotos, un porta tarjetas, dos pipas de estupefacientes, y un cassette VHS.

Estas declaraciones no tienen valor legal porque fueron realizadas ante periodistas y no ante las autoridades judiciales, pero nos dejan entrever la estrategia de su defensa: llevar el caso a un escenario de legítima defensa en medio de una pelea entre dos personas.

Con lentes de sol blancos, gorra de lana y una bolsa papel madera en sus manos, Pity llegó a la comisaría 52 de Villa Lugano alrededor de las 7:00 h, acompañado por su abogado.

«No vengo a declarar, vengo a contar lo que pasó.
Lo maté porque si no me iba a matar él,
creo que soy inocente».

No está fácil el tema para Álvarez, ahora debe enfrentar un complejo panorama judicial, porque a la declaración de varios testigos, se le suman videos de cámaras de seguridad donde se lo ve descartar el arma y fugarse. Incluso el relato de su novia lo incrimina, además al amigo del Pity, no le encontraron armas los peritos de la Policía de la Ciudad que trabajaron en la escena del crimen. Tampoco tenía antecedentes violentos.

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