Boca empató con Palmeiras y va a jugar la final de la Copa Libertadores ante River, que ayer metió hazaña en Brasil. Mientras no haya gas pimienta (?) serán los 180 minutos más apasionantes de los últimos años del fútbol latinoamericano.

Boca – River. Bombonera. Año 2015. Eran los 8º de final de la Copa Libertadores y en el entretiempo de la vuelta, hinchas de Boca, arrojaron gas pimienta a los jugadores de River.

En Brasil, el Xeneize empató 2-2 con el Verdao. La ida, en la final, será en la Bombonera, la vuelta en el Monumental. Boca y River jugarán la final del torneo, algo muy necesario para calmar las aguas en el país, en una definición Superclásica como nunca antes vista. Todo se confirmó, hace minutos, después del 2-2 del Xeneize con el Palmeiras como visitante.

El VAR le anuló de manera correcta un gol a los brasucas, pero después tuvo poca reacción el conjunto dirigido por Felipe Scolari. Boca nunca se sintió verdaderamente amenazado en la serie.

El partido en San Pablo se rompió a los 18 minutos, y de ahí ya no hubo mucho por hacer. Sebastián Villa desbordó por la derecha y Wanchope Ábila la empujó para abrir el marcador para la visita. Y ahí se fue la esperanza de la remontada del equipo brasileño.

En el segundo tiempo, Luan y Gustavo Gómez (de penal) dieron vuelta el resultado con media hora por delante, pero Darío Benedetto se disfrazó otra vez de héroe y con un remate cruzado de lejos igualó las cosas, liquidando para siempre la ilusión del Palmeiras.

Boca no juega a una nada, pero nadie lo voltea. Así es la Libertadores, algo que el Xeneize entiende mucho. Está en una nueva final, en la que buscará su séptimo título el igualar a Independiente como el más campeón.

El periodista Juan Pablo Varsky sobre las finales la Copa Conmebol Libertadores


Ahora viene lo mejor, lo más lindo. Pero la mayor presión también. ¿Quién no soñó con Superclásico para definir la Libertadores? Desde Seguridad advirtieron que la vuelta está en “veremos”. Obvio que se juega pero resta definir la fecha: es la misma semana que el bendito G20. Mauricio, si ya sabemos que va a pasar con las inversiones, suspende el encuentro lobbysta y que se juegue el verdadero, el que corre sangre, gas pimienta e incendios de canchas.