El pintor, diseñador y filósofo Tomás Maldonado falleció a los 96 años. Nacido en Buenos Aires el 25 de abril de 1922, viajó por el mundo enseñando en Italia, Alemania y Estados Unidos, en Princeton. En su país fue miembro fundador del grupo de vanguardia argentino Concrete Art, que desempeñó un papel clave en la renovación del arte y el diseño de los países latinoamericanos. Su investigación sobre diseño industrial, entendida como una investigación científico-técnica desviada de cualquier lógica de consumo, contrasta con la Bauhaus.

En los años cincuenta, Maldonado se mudó a Alemania: enseñó en la Hochschule für Gestaltung de Ulm, ( 1954 – 1966 ), de la que también se convirtió en director ( 1964 – 1966). De 1967 a 1970, entonces, se trasladó a la Universidad de Princeton, en los Estados Unidos. Pero su hogar definitivo estuvo en Italia: se encargó de los proyectos de diseño para Olivetti, Upim, la Rinascente y se convierte en profesor universitario, primero en Bolonia y luego en el Politécnico de Milán. Aquí conoce a su compañera de vida que partió hace solo dos meses, Inge Feltrinelli. 

Maldonado, cercano a la Escuela de Frankfurt y para pensadores como Jürgen Habermas, creía que el trabajo del diseñador era el de un técnico intelectual que debía desempeñar un papel de crítica social. Estamos hablando de años en los que el conocimiento crítico fue crucial. La idea de imagen corporativa nació en Ulm y Maldonado introdujo temas como comunicación visual, semiótica, teoría de la información.

A mediados de los 40, fue uno de los fundadores del movimiento de Arte Concreto Invención, que en su protocolo de presentación decretaba el fin de “la era artística de la ficción representativa” y se pronunciaba “contra la nefasta polilla existencialista o romántica”, “los subpoetas de la pequeña llaga y del pequeño drama íntimo” y “todo arte de elites”.

Lo de los 40 sólo se comprende si uno trata de imaginarse cómo era la Argentina. Es decir, éramos la generación de la Segunda Guerra. El fascismo, la proliferación de dictaduras latinoamericanas, una oligarquía ciega y absurda y un arte, como ya le dije, almidonado, que tuvo algún mérito”.

Tomás Maldonado

Maldonado dirigió la célebre revista de arquitectura Casabella desde 1979 hasta 1983.

Maldonado estuvo en Buenos Aires en diciembre pasado, cuando llegó para inaugurar una exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes que recopiló algunas de las mejores piezas que realizó entre 1945 y 1954, además de las que creó desde 2000, cuando retomó los pinceles después de 46 años.

“No sé, dejé los cuadros, no la reflexión. Volví a pintar porque me gusta y tenía la sensación de que podía encarar problemas de los 40 con otra mentalidad. Ya no me interesa la componente utópica. Pintar es una revancha, en el sentido de retomar temas abiertos».