Ucrania ha decidido este domingo entregar las riendas del país a Volodímir Zelenski, un cómico sin ninguna experiencia política. Con una campaña centrada en la lucha contra la corrupción, la gran losa que pesa sobre el país ¿algo similar a la Argentina?, y contra el sistema, Zelenski, de 41 años, ha arrebatado la presidencia al veterano Petro Poroshenko. El actor, que ha sabido enganchar a los votantes al ritmo y al tono de show de su campaña, ha sacado ventaja de esa bisoñería y se ha hecho con el voto del desencanto con la élite política y la oligarquía. Zelenski liderará el último país en guerra de Europa, un Estado geoestratégico, marcado por la tensión con Rusia.
Los datos han sido tan tremendos que Poroshenko se ha apresurado ya a reconocer su derrota. El descontento de la ciudadanía por la situación económica, los constantes escándalos de corrupción que el veterano político no ha atajado en sus cinco años de Gobierno y la angustia por el conflicto en el Este, que ya ha costado la vida a unas 13.000 personas, han empujado al actor al poder. Ucrania pasa a engrosar así la lista de países que han entregado las riendas a líderes ajenos a la política en un momento de agitación política en todo el mundo, con el Brexit en el Reino Unido, la elección del magnate Donald Trump en Estados Unidos o el Movimiento 5 Estrellas en Italia.
Zelenski, que precisamente interpreta en una serie a un honrado maestro que, tras convertirse en una estrella en las redes sociales, gana las elecciones, ya lo vaticinó el viernes cuando, en el estadio olímpico de Kiev, en un debate electoral inédito, le lanzó a Poroshenko: “No soy tu oponente, soy tu sentencia”. El magnate de los dulces —conocido así porque ha hecho su fortuna con sus empresas de chocolate— lo tenía difícil para remontar. Ya en la primera ronda tuvo la mitad de votos que el cómico. Aunque pese a tener todos los sondeos en contra, Poroshenko confió en el voto oculto y en los indecisos hasta el final.
No ha podido sobreponerse al enojo de una ciudadanía hambrienta de cambios. Y esos tienen el nombre de Volodímir Zelenski. Por el actor apostó Anna Tomak, de 25 años. El suyo fue un voto contra el sistema. “Necesitamos un cambio, el país se lo merece, tenemos que luchar por ello”, afirmó la joven en un colegio electoral de Kiev. Solo un 9% de los ucranios cree en sus gobernantes. Una cifra que contrasta con la media de los países postsoviéticos, que está en el 48%. La media global se sitúa en el 56%.
El cómico ya se levantó ganador. Antes de votar, rodeado por un enjambre de periodistas contó que había desayunado huevos y que su esposa, Yelena, le había puesto una canción del rapero Eminem para motivarse. Muy acorde con el personaje que ha cultivado durante toda la campaña. “Hemos unido Ucrania, no importa lo que pase, será una victoria para los ucranios”, ha insistido Zelenski, con camiseta blanca, americana azul y gafas de sol. Dentro, para las decenas de cámaras que le esperaban, el actor mostró sonriente su papeleta. Y eso le ha costado una multa de unos 170 euros, cuando la policía ha acudido a su sede tres horas después. En Ucrania está prohibido mostrarla. Un capítulo más para la cronología de unas elecciones complejas, llenas de picos de tensión y que han sido un completo show.
Poroshenko todavía confiaba con darle la vuelta a las urnas. Fiándolo todo a una activa campaña en los últimos días, en la que pidió perdón por sus “errores” y con la que trató de mostrarse mucho más cercano, esperaba que el voto oculto y los indecisos revertieran la situación. O al menos que no fuera tan catastrófica como aparentaba. No pudo ser. Para muchos, la elección de este domingo ha sido un referéndum contra él y contra su Gobierno.
“Creo firmemente que durante estas elecciones debemos hacer todo lo posible para que nuestro progreso europeo —y lo que es más importante, la integración en la OTAN— no se paralicen”, confió tras votar. “No emitiremos que nadie retrase el camino de las reformas”, ha insistido Poroshenko, rodeado de personas ataviadas con las tradicionales camisas bordadas Vushyvanky, convertidas en un emblema nacional.
El magnate de los dulces ha centrado su mensaje en el lema “Idioma, ejército, religión”, al potenciar la lengua ucrania sobre el resto —la rusa y otras minoritarias que también se hablan en el país, como el húngaro, el polaco o el rumano—, aumentar el presupuesto para el Ejército y presionar para escindir la iglesia ortodoxa ucrania de la rusa.
Pero esos elementos no parecen haber convencido al electorado de uno de los países más pobres de Europa, donde el salario medio es de unos 300 euros mensuales y millones de personas han salido al extranjero en busca de mejores oportunidades. En 2018, los trabajadores en el extranjero enviaron a casa casi 13.000 millones de euros en 2018, según el Banco Mundial; el 11% del PIB del país.

Las elecciones de Ucrania son clave para todo el espacio post-soviético, que observa con mucha atención la competencia política abierta inédita en otros países. En plena tensión con Rusia que en 2014 se anexionó la península ucrania de Crimea y con un conflicto latente en el Donbás con los separatistas apoyados por el Kremlin, este país de 44 millones de habitantes es un punto geoestratégico para Europa y todo Occidente.
La guerra en el Este es lo que ha llevado a Ira Garkusha a votar a Poroshenko. Originaria de Donetsk cuenta que todavía tiene allí a gran parte de su familia a la que no puede ver. “Necesitamos un presidente, uno de verdad, y ese es Poroshenko”, ha dicho tras entregar a su hijo, de tres años, la papeleta para que el chiquillo la echase en la urna. También le preocupan los vínculos de Zelenski con el oligarca Igor Kholomoiski, que vive autoexiliado en Israel tras dejar un escándalo bancario en Ucrania y propietario de 1+1 y otros canales de televisión donde se difunde la serie que protagoniza Zelenski, y que le ha servido como minutos de oro de propaganda electoral. Vínculos que el actor afirma que son solo profesionales y en los que se ha negado a abundar.
Pero estos no preocupan en absoluto a Vladislav, que ha votado en el mismo centro electoral que Zelenski, una academia naval en un barrio de altas torres de estética comunista muy cera del río Dnieper. Este constructor ha apoyado al cómico. “Es mejor tener esperanza en algo nuevo. Lo peor que podría pasar es que estemos en manos de otro oligarca, como ahora. Merece la pena arriesgarse”, ha dicho.
Los analistas afirman que Zelenski ha encontrado apoyos en muchos grupos sociales: jóvenes, mayores, hombres y mujeres; hablantes de ucranio y de ruso. Y que cuenta con un electorado mucho más variado que el de Poroshenko. Pero su programa electoral es muy vago y el actor no ha dado apenas explicaciones de lo que pretende hacer con el Gobierno. Algo que, sin embargo, parece haberle dado puntos. Al no prometer demasiadas cosas concretas, ha dejado que los ciudadanos rellenen esos huecos en blanco con sus propias expectativas.
