El actor misionero, protagonista de la ficción sobre la vida del boxeador, brindó una entrevista exclusiva para Ciudad y acá la replicamos para que conozcas más a este misionero que la está rompiendo: todo sobre él y este momento consagratorio.

«Ídolo, campeón, femicida”. Así, de arranque, como una trompada, Monzón, la serie (lunes a las 22 hs. por Space) propone desde su imagen de promoción mostrar las dos caras de Carlos Monzón, el ícono del box argentino que terminó en la cárcel tras haber asesinado a Alicia Muñiz, su esposa y madre de su hijo menor.

En su primer trabajo audiovisual, a Mauricio Paniagua (29) le tocó encarnar al Monzón humilde, que se crió en un monte de Santa Fe y se enamoró de la sufrida «Pelusa». Pero también al joven boxeador, 14 veces defensor del título mundial, estrella de cine y protagonista de romances famosos. Un verdadero desafío que Pikio, como todos le dicen al actor oriundo de Iguazú, vive con pasión.

Lejos del gesto severo y la prepotencia que muestra en la serie, Mauricio se muestra tímido, cálido y muy sorprendido por el furor que está generando la ficción que lo tiene como protagonista junto a Jorge Román: “Ahora estoy tomando más dimensión. El año pasado estaba muy metido en el trabajo y no me daba cuenta de lo que estaba pasando. Hoy, tomando distancia y viendo el proyecto al aire, digo ‘wow, todo esto hicimos’. Fue un trabajo en equipo extraordinario del elenco y el equipo técnico. Ese esfuerzo se ve reflejado en el resultado final y todo lo que está generando”, le dice Paniagua, la revelación de la biopic, en exclusiva a Ciudad.

Mauricio Paniagua

– ¿Cómo fue el casting para llegar a protagonizar la serie?

– Fue un proceso bastante prolongado, de dos o tres meses. Primero, mis amigos actores y mi representante mandaron material mío a la producción porque me decían que era el papel perfecto para mí. Finalmente, me llegó la citación y me pidieron que vaya lo más parecido a Monzón posible. En ese momento, yo tenía el pelo largo y no me lo quería cortar porque sino quedaba en la serie me iba a quedar ese corte casco… ¡que no estaba tan bueno! (risas) Pero finalmente lo hice.

– ¿Te la jugaste?

– Sí, totalmente. Salí de la peluquería, me fui a la casa de un amigo a buscar unos guantes de box que él tenía como adorno y en mi casa me vestí con una camisa abierta, un jean bien setentoso, zapatillas clásicas, collares y gafas estilo aviador. Fui caracterizado como él, muy canchero. Me acuerdo que me atendió el asistente de dirección y le dije bien prepotente ‘vengo para el casting de Monzón’, ¡como si fuera él!

– ¿Habías investigado sobre su vida?

– Sí, investigué muchísimo en internet. Con mi edad, sabía poco y nada de Monzón, lo que sabe la mayoría de mi generación. Me informé mucho, vi videos en Youtube y fui re confiado al casting. En general, a mí no me gustan los castings por los nervios que me dan. Pero esta vez fue diferente: me propuse disfrutarlo y me jugó muy a favor. Cuando estaba ahí, me crucé con un boxeador, que era muy parecido a Monzón. Yo vengo del palo del teatro y mis movimientos eran re exagerados, así que me pidieron que baje la energía porque parecía una marioneta. Y me terminaron eligiendo.

– ¿Te decían que te parecías a Monzón?

– No me lo decía tanto como a Jorge Román, porque él sí es mucho más parecido (risas). Pero sí me lo han dicho. En mi trabajo anterior, que era una empresa audiovisual, llegaba recién levantado y obviamente tan temprano no tenía una cara de feliz cumpleaños sino más bien de ‘recién me despierto y no quiero hablar con nadie’. Y mis compañeros decían ‘shhh silencio que llegó monzoncito’ (risas). Me cargaban con que llegaba con ‘cara de Carlos’.

– ¿Es cierto que en el casting mentiste diciendo que practicabas box?

– ¡Sí! El primer día llegué y dije que sabía. Obviamente, se dieron cuenta en cuestión de segundos que era mentira porque cuando me pidieron que me parara como boxeador, hice cualquier cosa (risas).

– ¿Te costó mucho la preparación para las escenas de boxeo?

– Sí, fue una de las cosas que más me costó y tuve un entrenamiento de tres meses muy intensivo. Cuando quedé preseleccionado la producción me puso una coach de actuación, Desiré Salgueiro, y también dos coaches de boxeo, Diego “La Joya” Chavez, que es boxeador profesional y Fernando Muñoz, que trabaja con él. Ellos tres me acompañaron a lo largo de todo el rodaje. Los primeros diez días fueron súper intensos para ver si yo estaba física y mentalmente preparado para aguantar la exigencia que implicaba el papel. Al principio no tenía mucha idea, me mandé de una y me ayudó el hecho de que yo estaba justo haciendo teatro físico en el Cervantes, por lo que estaba entrenado.

– ¿Fue muy notorio el cambio físico?

– Totalmente. También cambié mi dieta. No fui a un nutricionista pero me recomendaron no comer nada de harinas ni tomar gaseosas y alcohol. Comía muchas galletas de arroz, yogures, lácteos y muchas frutas. Al comienzo del rodaje, que coincide con el arranque de la historia, Monzón está súper flaco así que yo no podía mostrar mucho mi físico. Después, cuando empezaron las escenas de boxeo intensificamos más el entrenamiento. Fue una experiencia alucinante.

– ¿Te enganchaste con el boxeo?

– Sí. Me re gusta y me sirvió un montón. Cuando se calme la vorágine de la difusión de la serie voy a volver a entrenar. El entrenamiento es lindo y es una experiencia que te mantiene sano y vital.

– En este momento en que la sociedad está empezando a tomar consciencia de la violencia machista, ¿sentiste mucha responsabilidad al tener que interpretar a un femicida como Monzón?

– Mientras grabábamos no pensaba mucho en ese tema, lo tomé como un personaje más porque no quería juzgarlo mientras lo interpretaba. Ya era demasiado fuerte de por sí interpretar a Monzón. Ahora, personalmente, con el producto al aire, lo tomo como una serie con una historia necesaria, que hay que mostrarla. Y más en este momento. En el elenco también hay actrices maravillosas y que militan por el feminismo. En un punto, incluso que desde la gráfica ya diga ‘ídolo, campeón, femicida’ me deja tranquilo porque marca la cancha de entrada. El hecho de que la serie arranque con el femicidio y haga foco en la investigación del asesinato también es un alivio tanto para mí como para Jorge, porque son nuestros rostros los que están ahí en pantalla.

– ¿Sentís que está el riesgo de suavizar la imagen de alguien que mató a una mujer?

– Mirá, pasa mucho con gente joven que a partir de la serie está conociendo la vida de Monzón y me dicen ‘qué increíble lo que hizo… pero mirá cómo terminó’. Están muy marcadas las dos caras del personaje. Me parece muy acertada la manera que eligieron para contar la historia para tomar consciencia de lo que hizo.

– ¿Te sentiste identificado con algún momento de la historia de Monzón?

– Más que identificado me sentí en mi hábitat. Me crié en Misiones, también en medio del monte y ese hábitat lo sentí propio. Pude jugar un montón también y proponer. Eso estuvo bueno desde el lado de la dirección. El director Jesús Braceras, que es extraordinario, me dijo ‘sentite libre para jugar’. Eso se nota y se ve en la pantalla: cómo el trabajo en equipo entre el director y los actores está reflejado ahí. Es una composición en conjunto con todo el equipo. Ahí me sentí identificado y también el hecho de venir de una familia humilde, hay varias analogías con esa parte de la historia.

– ¿Cómo es criarse en Iguazú?

– ¡Uf, qué lindo! Es hermoso crecer allá. Estoy siempre conectado energéticamente con la naturaleza. Me gusta el agua, ver los árboles. Son energías que están vivas y conecto mucho con eso. Esa parte de mi historia me ayuda mucho a conectarme con las personas a la hora de hablar con alguien y empatizar; de sentirte cómodo en un lugar para hablar tranquilo y no sentir que te están atacando. Es algo que también pasa en la selva: si no la conocés, cuando entrás sentís que la selva te chupa o que te están mirando de todos lados. Cuando te relajás y estás ahí, brindás tu energía y permitís que esa energía natural te invada, sos uno más de ellos y está buenísimo.

– ¿Te costó mucho el cambio a la ciudad de Buenos Aires?

– Me mudé en 2012 y no me costó porque me adapto muy fácilmente. Mi idea al principio era irme de Misiones a Calafate, ¡nada que ver! Pero tengo familiares y amigos en Capital así que me quedé acá.

– ¿Qué estabas haciendo antes de empezar a grabar la serie?

– Estudié teatro en el Cervantes. Soy músico y técnico en sonido, así que trabajé mucho detrás de cámaras.

– ¿Cómo vivís que la gente te reconozca en la calle?

– Todavía no me pasa porque no salí mucho (risas). La otra vez salí a comprar algo a un kiosko cerca de casa con una gorra porque no quería peinarme y en el camino me paró una señora para preguntarme ‘¿vos sos el chico que hizo la serie de Monzón? Felicitaciones porque hacés un muy buen trabajo’. Eso es re gratificante. Comparto la felicidad con mis compañeros de la serie porque tenemos un grupo de WhatsApp entre todos, que no es algo muy habitual que se siga el vínculo, y se los conté. Es lindo compartir con ellos las felicitaciones porque es un trabajo en equipo.

– ¿Te da miedo quedar encasillado al arrancar con un personaje tan fuerte?

– Al principio sí me daba un poco de miedo. Pero yo hago de todo y puedo correrme de ese lugar, tengo esa facilidad. Además, veo el producto terminado, todo el trabajo que hicimos y es pura felicidad. Por suerte, tengo otros proyectos y ojalá pueda volver a tener el tiempo de preparación que tuve para esta serie y estar rodeado de un equipo así. Ahora, pensándolo bien y viendo lo que pasa con la serie, realmente no tengo miedo de quedar ‘pegado’ a este personaje.

– Más allá de lo laboral, ¿qué te gusta hacer? ¿Estás en pareja?

– No, estoy soltero. Siempre estoy con amigos, que la gran mayoría son actores, fotógrafos y trabajamos de forma colectiva, creando nuestros propios poyectos y compartiendo nuestras experiencias con gente que recién arranca.

– ¿Estás muy metido con tu carrera y con poco tiempo para el amor?

– (Risas) ¡Exactamente! En este momento, disfruto mucho compartir mi tiempo con amigos y amigas, que es una linda manera de vivir también.

– La última, ¿cuál es el mayor sueño que te gustaría alcanzar como artista?

– Hay muchos pero tengo en mente el proyecto de interpretar a Andrés Guazurarí, que es un aborigen originario de Misiones y que fue discípulo de Artigas. Es un prócer originario y por mis orígenes me gustaría contar esa historia.

– Claramente, querés seguir conectado con tus raíces…

– Eso siempre. Es lo que me mantiene a pie, como un cable a tierra.

 

 

Fuente: Ciudad