La pastora Gabriela Guerreros es ministra religiosa y pertenece a la Comunidad Pentecostal Dimensión de Fe. “Cuando una experiencia personal, comienza a ser dogma, empieza a excluir“, indica la pastora que está a favor de la despenalización y legalización del aborto.

Guerreros fue una de las expositoras en los plenarios del Congreso de la Nación el año pasado, donde se pronunció a favor del aborto legal, seguro y gratuito. Se define como feminista y sostiene que este término no es contradictorio a su cargo como pastora pentecostal, lugar desde el que desde los 90 acompaña a jóvenes, niñas y mujeres del Conurbano.

“Mi rol como ministra religiosa es acompañar y, junto con la comunidad, poder ver todas las herramientas posibles para que, la persona pueda discernir qué quiere para su vida. En este caso, la interrupción de un embarazo”.

Guerreros insiste en separar lo que es la comunidad religiosa, con la jerarquía de la misma. “La primera no es responsable de la última”, dice. Los altos sectores siguen dogmas, creados por personas. Mientras que, para las distintos comunidades, la tarea principal es acompañar a los hermanos y hermanas, señala la pastora.

Feminismo, espiritualidad y aborto

“Nosotras no encontramos contradicción entre definirnos como feministas y, además, practicar una fe y una espiritualidad. Los sectores jerárquicos se siguen por dogmas que vienen a controlar nuestras vidas y nuestros cuerpos. Y le hacen decir a Dios o a una lectura bíblica, lo que Dios nunca quiso decir”, explica.

Además señaló que en su comunidad hubo casos de abortos clandestinos y que acompañaron a las mujeres que tomaron esta decisión. “Por eso decimos que, al aborto, lo sacamos del clóset, de la alfombra. En otras clases sociales, también deben haber abortos clandestinos, nada más que pertenecen al ámbito privado. De ahí, decimos que las pentecostales también abortamos“, afirma.

“Salvemos las dos Vidas”

“El slogan Salvemos las dos vidas, se refiere como si las personas gestantes no tuvieran capacidad de decisión, no tuvieran autonomía. Desde una lectura teológica, liberadora, inclusiva y feminista, los textos están para acompañar, para dar apertura en discernir, no para bajar línea de manera dogmática” sentencia la ministra religiosa.