La adolescente alertó sobre el cambio climático ante los líderes del mundo. Greta Thunberg es una pequeña eco-activista sueca que debate con líderes mundiales y falta a clases los viernes para protestar contra el calentamiento global.

La adolescente fue nuevamente foco de los medios del mundo, esta vez, por alzar la voz con un fuerte contenido emocional ante los líderes del mundo en la ONU.

El viaje de Thunberg a la cumbre climática en Estados Unidos, y el próximo a Chile, en un yate de carreras del hijo de Carolina de Mónaco, Pierre Casiraghi, es parte de la agenda que mantiene la joven luego de anunciar su decisión de tomarse un año sabático de la escuela en junio para dedicarse completamente a la lucha contra el calentamiento global.

El largo receso de la activista, quien padece síndrome de Asperger y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), así como su corta edad, han sido tema de debate.

Hace aproximadamente un año, la desconocida niña -por aquel entonces- de 15 años de edad, acampó frente al parlamento sueco junto a un cartel escrito a mano que decía «Huelga escolar por el clima». Desde ese momento, la pequeña Thunberg se ha convertido en un ícono global y en la cara de la lucha joven contra la crisis climática. Ha participado con discursos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2018, en el Foro Económico Mundial (enero de 2019), ante el Comité Económico y Social Europeo y recientemente ha sido invitada de honor en la Asamblea Nacional francesa. E incluso tres políticos noruegos han propuesto presentarla como candidata a Premio Nobel de la Paz.

Su familia

Greta Thunberg creció en un entorno familiarizado con los medios. Su madre, Malena Ernman, es una conocida cantante de ópera sueca. Su padre, Svante Thunberg, acompañó a la joven activista en el cruce del Atlántico, es actor y productor. También es mánager de su mujer y encargado de gestionar la agenda de Greta. Ha aparecido con ella en alguna ocasión interviniendo también en el discurso contra la crisis climática.

Los Thunberg llevan 14 años casados y viven en un piso céntrico en Estocolmo junto a sus hijas. Greta y Beata, de 13 años, que ha seguido los pasos de su madre como cantante (se sube habitualmente con ella al escenario como parte de su coro) y quien, como su hermana, también tiene TDAH y promueve activamente la conciencia sobre cuestiones de salud mental desde sus redes.

Greta en Berlín

«Hace cuatro o cinco años, Greta dejó de comer y de hablar, cayó en una depresión. Resultó que estaba estresada por el cambio climático y por el hecho de que todo el mundo estuviera diciendo una cosa y haciendo la contraria. Después nos dimos cuenta de que nosotros [sus padres] éramos una parte importante del problema. De hecho, éramos el problema. Estábamos tomando aviones de un lado a otro, comiendo carne, comprando cosas y conduciendo un coche grande. Así que, escuchándola, nos embarcamos en el compromiso por la sostenibilidad y el cambio climático», contó su ahora vegetariano padre en una entrevista con Financial Times, luego de reconocer que este compromiso supuso una pausa en la carrera internacional de su mujer.

Aunque la pequeña Thunberg afirma que ella escribe sus propios discursos, en febrero, con una columna publicada en Reporterre, la exeurodiputada Isabelle Attard dijo que Greta ha sido utilizada como instrumento por el capitalismo verde. Concretamente, por Ingmar Rentzhog, fundador de la start up We Don’t Have Time, quien precisamente la fotografió el primer día que hizo huelga ante el parlamento sueco el pasado 20 de agosto, iniciando así la viralización de su historia.

La familia de la adolescente negó en ese momento ser consciente de que la usarían para recaudar fondos (Rentzhog habría juntado casi un millón de euros), y desde entonces ha cortado los lazos con la organización.

«Fui brevemente asesora de jóvenes de la junta directiva de la fundación sin fines de lucro We Don’t Have Time. Resulta que usaron mi nombre como parte de otra rama de su organización sin mi consentimiento o el de mi familia», dijo Greta Thunberg en una entrevista.

El marketing alrededor de Greta

«Cambiemos el mundo», es el libro de Greta. La evolución del marketing en torno al libro continua alimentando las dudas de si esto se trata de una puesta en escena. En la portada original publicada en Suecia, era Malena Ernman quien aparecía en un retrato, firmando la coautoría junto a su marido. Tras el boom de Greta, las diferentes ediciones publicadas en otros países se han ido modificando de manera que es ahora la foto de Greta Thunberg con su pancarta de huelga estudiantil quien aparece en las portadas, con su nombre en primer término como coautora y sus padres en segundo lugar. Greta también ha publicado exclusivamente bajo su nombre otro manifiesto, Nadie es demasiado pequeño para cambiar las cosas, bajo la editorial Penguin, que recopila varios de sus discursos y artículos. Según defienden, ambos sin ánimo de lucro y con beneficios destinados a combatir la crisis medioambiental.

Pese al debate que ha generado el rápido ascenso de Greta Thunberg como líder activista, es difícil cuestionar su tenacidad. Comprometida con la concientización sobre las amenazas que enfrenta el medioambiente, Greta cuenta hoy con el apoyo de sus padres para dejar la escuela por un tiempo. Referente de movilización de miles de jóvenes y adultos, Thunberg se suma a una larga lista de niños activistas que luchan por diferentes causas: el control de armas, la lucha contra la crisis climática mundial o la migración forzosa, entre otras.

El cruce con Trump

Greta Thunberg y Donald Trump se cruzaron en la ONU. Ella le lanzó una mirada fulminante. Él la ignoró, pero este martes le dedicó un tuit y la joven reaccionó.

Greta lo vio y su cara se llenó de desprecio. A metros de ella, sin que él ni siquiera se diera vuelta a verla, se paseaba como el jefe de estancia, Donald Trump, flanqueado por su vice, Mike Pence, entre las paredes de la ONU en Nueva York.

Esto fue el lunes. Al estilo Trump, el presidente detuvo su marcha ante los periodistas para hablar de esto y de aquello, con la joven sueca a su espalda, quien estática no le quitaba los ojos de encima con indignación. Minutos antes, ella había tratado de descarados a los líderes mundiales que le habían «robado sus sueños y su niñez», con sus «palabras vacías», arruinando el planeta.

«¡Cómo se atreven!», retó a los hombres poderosos en el foro de la ONU, a los que acusó de sólo hablar de «dinero, cuentos de hadas y crecimiento económico eterno».

Trump no estaba cuando ella habló. Llegó después, deliberadamente, cuando dijo que no iba a ir a la cumbre sobre cambio climático porque estaba «ocupado». Pero fue. Estuvo 15 minutos mientras hablaba Angela Merkel. Se sentó a escuchar en silencio junto a su vice y su canciller, Mike Pompeo. Luego se fue, para cruzarse más tarde en los pasillos de la ONU con Greta, su nueva enemiga.

Este martes decidió hablar de la joven, con una descripción alejada a la realidad que la chica expone cada vez que habla, sentida y con lágrimas. «Parece una niña muy feliz», escribió en Twitter.

«Parece una niña muy feliz que espera un futuro brillante y maravilloso. ­Qué lindo verla!», tuiteó este martes el mandatario, junto a un video de la adolescente. Rápida de reflejos, y con 2 millones de seguidores, la joven activista cambió este mismo martes su «bio» de Twitter para incluir la frase de Trump. «Greta Thunberg, una niña muy feliz que espera un futuro brillante y maravilloso.»

Greta en la ONU

La denuncia de Greta a la Argentina

La denuncia, sin precedentes por cierto, de 16 jóvenes de entre 8 y 17 años se dirige a cinco países contaminantes: Francia, Alemania, Argentina, Brasil y Turquía. El grupo proviene de 12 países distintos y cuenta con la ayuda del estudio de abogados internacional «Hausfeld» y la aprobación de Unicef.

La medida es parte de un «protocolo opcional» desconocido de la convención: desde 2014 autoriza a los niños a presentar una queja ante el Comité de los Derechos del Niño de la ONU, si estiman que sus derechos fueron denegados. Ahora se supone que el comité debe investigar las presuntas violaciones y luego hacer recomendaciones a los Estados para detenerlas.

La respuesta del Gobierno argentino a la denuncia de Greta Thunberg

Luego de la denuncia de Greta y otros 15 jóvenes a la Argentina, como país contaminante e inactivo en cuanto a medidas para frenar el cambio climático, el canciller Jorge Faurie se refirió al tema y minimizó lo ocurrido en el marco de la cumbre de la ONU.

«Ese posicionamiento tuvo que ver con una búsqueda de llevar el tema del reclamo de concientización sobre qué vamos a dejar a las generaciones futuras», dijo el funcionario en diálogo con Radio Continental.

«La Argentina contamina muy poco en términos comparativos con los demás países. Tenemos menos de 0.7 de impacto en el calentamiento global y en las emisiones. Además hemos tenido una actitud sumamente proactiva desde el Acuerdo de París, hemos aumentado las metas, tenemos compromisos claros en la agenda 20-30″, expresó.

Asimismo, el Canciller habló sobre otra de las denuncias de las últimas semanas que llegaron a los medios: la contaminación ganadera. «No tenemos que quedarnos con la historia de que todo lo que se dice es tal cual porque ahora hay discusión del impacto de la producción ganadera», dijo al respecto.

«No hay elementos científicos que abonen que el impacto de nuestras vacas y de su extensión territorial sea del nivel que algunos otros sectores quieren atribuir», agregó. «Todos tenemos que preocuparnos, adoptar medidas, discutirlas y ver que la posibilidad de financiamiento de estas medidas no afecte a los países en desarrollo».

El tuit de Greta y su reacción

Tras conocerse la postura de la Argentina, la activista volvió a hablar en redes sociales y a referirse de la denuncia de ayer. Además de responder a aquellos que cuestionaron la no inclusión, por ejemplo, de Estados Unido en los cinco países de la denuncia.

«Una vez más: no se trata solo de 5 naciones, pero fueron nombrados ya que son los emisores más altos que han ratificado la Convención de los Derechos del Niño de la ONU, sobre la cual se basa la denuncia», escribió la sueca. En alusión a otros países que por distintas características, entre ellas la población, se conoce son más contaminantes, agregó: «China, EE. UU., Arabia Saudita, Rusia, no lo han hecho». Así justificó que no hayan sido los elegidos.