En este mercado de generación de pasiones y deseos, la principal fuerza productiva es la comunicación: desarrollo de la capacidad lingüística de la especie, devenida en commodity o mercancía y fuerza productiva, de circulación transversal a nivel global y que actúa como argamasa, cuya función principal es la de enlace de los vínculos sociales.

Hemos pasado de la fotografía analógica, donde seleccionamos las tomas por la limitación del espacio y coste de positivado a la digital, donde se almacena masivamente sin descarte. Es una explosión en nuestro volumen de información. El almacenamiento barato y en cantidad lleva a que nuestros datos no se filtren, limpien ni organicen.

En 1970 Alvin Toffler propuso el término «sobrecarga informativa» y en 1998 Alfons Cornella propuso el término “infoxicación” como exceso de información que provoca en el receptor incapacidad para comprenderla. Sin embargo, la función de enlace posee carácter toxico y contaminante. La comunicación puede ser pharmakon: virus letal y remedio a la vez. Es veneno porque infoxifica por sobreabundancia de información y es remedio porque ofrece bienes.

Este proceso afecta a las capacidades cognitivas ya sea consciente o inconscientemente, somos seres de procesos cognitivos limitados y almacenamiento seleccionado. No estamos capacitados para procesar todo, sin embargo recibimos sobreabundancia de información. La causa es que guardamos más información de la necesaria que se vuelve inútil, buscamos más información para comprobar la que ya tenemos y por si nos puede ser útil en un futuro. También la tomamos como moneda de cambio.El aumento de la capacidad de almacenaje disminuyó la necesidad de borrar u organizar información. Parece una ventaja pero no lo es: conviene hacer una limpieza porque si bien su capacidad es ilimitada, la atención de una persona es limitada. Hay que eliminar información para evitar la distracción.

Las personas borran poco, no por pereza, sino porque requiere tiempo. La organización y el mantenimiento permiten dar sentido a la información y planificar su uso. Permiten aprovechar tiempo, energía, atención. La «filosofía de Google» no es la de borrar, sino la de conservarlo todo. Desarrolla herramientas para que los usuarios generen y compartan contenido.

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