Por Leonardo Carboni, Jefe de desarrollo de negocios de Libus, el especialista en elementos de protección personal
En América Latina como en Argentina esto se debe a que aún estamos atravesando la etapa inicial de vacunación. Según diversos estudios, si bien la vacuna puede prevenir la enfermedad, los vacunados podrían adquirir la infección de otras cepas, ser asintomáticos y transmitir el virus a otras personas. La principal forma de transmisión es a través de las pequeñas e imperceptibles gotas de la saliva, cuando hablamos, gritamos, o tosemos. Por ello, es importante seguir usando, por ejemplo, los Elementos de Protección Personal (EPP) –mascarillas y máscaras faciales-, conservar el distanciamiento físico, evitar las multitudes y los espacios poco ventilados, continuar con la higiene de manos con jabón o alcohol en gel, toser o estornudar sobre el pliegue del codo, no compartir el mate o vajilla con otras personas, entre otras.
Es de destacar que el uso correcto de mascarillas disminuye en un 60% el riesgo de infección. Sin embargo, no todas protegen igual. Esto se debe en parte a la capacidad de filtrado que poseen. Pueden ser de tres tipos: las de tela, las quirúrgicas y los respiradores, nominados según su certificación N95 (Estados Unidos), KN95 (China) y FFP1 y FFP2 (Europa). Por sus características los N95 están reservados desde el inicio de la pandemia al personal de salud.
A diferencia de las mascarillas de telas, las mascarillas quirúrgicas brindan una protección más eficiente. Esto se debe a sus características de confección:
Por su parte, los protectores faciales que cubren de la frente hasta la barbilla, deben ser de fácil transporte, lavables, y cómodos de usar, y usarse de manera complementaria con mascarilla quirúrgica. Sobre todas las cosas, estos elementos de protección personal facilitan la lectura de labios ante personas con dificultad auditiva y colaboran en la comunicación. Asimismo, se presentan como una alternativa para quienes poseen problemas respiratorios
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