Trump y sus colaboradores califican la denominación como una vuelta a la “tradición militar” y al “espíritu guerrero” estadounidense. Argumentan que el término “Defensa” transmite una postura demasiado pasiva, mientras que “Guerra” implicaría fortaleza y determinación.
Históricamente, el departamento cambió de nombre en 1949 como parte de una reforma para promover una estructura militar más eficiente y centrada en la prevención de guerras. Restaurar el nombre original implicaría actualizar señalética, papelería y sitios web, lo cual podría generar costos significativos.
Además, aunque la propuesta ya cuenta con respaldo de republicanos en el Congreso, expertos consideran que enfrentarán resistencia política y legislativa.
La medida ya generó críticas, especialmente desde sectores demócratas, que tildan el cambio de simbólico y políticamente estratégicamente cuestionable. Por ejemplo, la senadora Tammy Duckworth señaló que Trump estaría usando símbolos militares para ganar notoriedad política en lugar de fortalecer la seguridad nacional.
Con información de Noticias Argentinas
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