El proyecto —presentado hace meses en la Legislatura bonaerense— tomó relevancia pública en los últimos días, especialmente luego de que algunos comunicadores ridiculizaran la propuesta llamándola “impuesto a los pedos de las vacas”. Klug respondió que se trata de “un tema extremadamente serio”, recordando que el metano es 21 veces más potente que el CO₂ y tiene una permanencia de hasta 12 años en la atmósfera.
La legisladora planteó crear la Tasa Ambiental al Gas Metano (TAMBA), proporcional a la cantidad de cabezas de ganado. Recaería solo sobre quienes “no puedan o no quieran” presentar un plan de mitigación y los fondos se destinarían a reducir emisiones o mejorar el manejo de residuos. El proyecto incluye además un censo para conocer el nivel real de CH4 que emite la ganadería bonaerense.
Según Klug, el cambio climático ya afecta a la producción argentina a través de sequías e inundaciones: “Necesitamos que Argentina sea viable, pero no podemos seguir ignorando esto”, afirmó en un video difundido en redes.
El diputado electo Juan Grabois respaldó la iniciativa y criticó a quienes minimizaron el tema: acusó a ciertos periodistas de hacer “chistecitos de jardín de infantes” y apuntó contra la falta de control ambiental en feedlots y zonas de producción intensiva. También cuestionó la paradoja de que “en el país de las vacas, los pibes no toman leche” mientras el consumo interno cae al nivel más bajo en más de un siglo.
La réplica oficial llegó por parte del secretario de Producción, Pablo Lavigne, quien calificó la iniciativa como “tirarse un tiro en los pies”. Sostuvo que nuevas tasas “van en contra de la producción y la exportación”, justo cuando —según dijo— el mundo enfrenta un déficit global de carne y Argentina podría aprovechar ese escenario.
Lavigne remarcó además que el país “es carbono neutral en términos agregados” y puede incluso emitir bonos de carbono, por lo que consideró que la tasa ambiental es “un sinsentido”.
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