Según los datos oficiales, entre las semanas 1 y 47 de 2025 se reportaron 5.110 casos sospechosos, de los cuales 688 fueron confirmados, una incidencia que supera los registros de los últimos años y vuelve a ubicar a la coqueluche como una amenaza seria para los más chicos.
El informe detalla que el 69% de los casos sospechosos recibió confirmación por laboratorio. En el 81,9% se detectó Bordetella pertussis, la bacteria que causa la enfermedad. Si bien la distribución es heterogénea, el crecimiento se aceleró desde julio, especialmente en Ushuaia, Río Grande y el Área Metropolitana de Buenos Aires.
La enfermedad es prevenible por vacunación, pero el Ministerio advierte un fenómeno que se repite en todo el mundo: cae la cobertura y crece la cantidad de personas susceptibles.
El esquema nacional incluye dosis a los 2, 4, 6 y 15-18 meses; refuerzo a los 5 años; y otra dosis a los 11 años. Además, desde 2013 es obligatoria la vacunación en cada embarazo a partir de la semana 20, para transferir anticuerpos al bebé y protegerlo en sus primeros meses de vida.
La evidencia es contundente: tras la introducción de la vacuna, la enfermedad cayó drásticamente en Argentina, pero persiste de manera cíclica cada 3 a 5 años, sobre todo en niños no vacunados o con el esquema incompleto.
La coqueluche comienza con síntomas similares a un resfriado: congestión, fiebre baja y tos leve. Pero a la segunda semana se vuelve más agresiva: ataques de tos incontrolable, riesgo de vómitos, coloración azulada, fatiga extrema y dificultades respiratorias.
En los bebés puede no haber tos, pero sí episodios de apnea o pausas en la respiración. Por eso, los especialistas recomiendan consultar de inmediato ante cualquiera de estos signos.
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