Foto: sde.gob.ar
La fecha fue establecida oficialmente en 1935 por el Consejo Nacional de Educación con el objetivo de homenajear a la escarapela argentina, emblema que acompaña la identidad nacional desde los tiempos de la Revolución de Mayo y las luchas por la independencia.
El reconocimiento formal de sus colores ocurrió el 18 de febrero de 1812, cuando el Primer Triunvirato aprobó el uso del celeste y blanco a pedido de Manuel Belgrano. El prócer había solicitado días antes la creación de una insignia que permitiera unificar los colores del Ejército patriota y diferenciar a las tropas revolucionarias de las fuerzas realistas españolas.
Existen distintas versiones sobre el nacimiento de la escarapela. Una de las teorías más difundidas sostiene que comenzó a utilizarse durante las Invasiones Inglesas, cuando soldados y milicianos necesitaban distinguirse en combate. Otra versión señala que un grupo de damas patriotas entregó cintas celestes y blancas al coronel Cornelio Saavedra como símbolo de apoyo a la causa revolucionaria de 1810.
Sin embargo, el impulso definitivo llegó de la mano de Belgrano, quien promovió su adopción oficial como símbolo nacional. Desde entonces, los colores celeste y blanco quedaron ligados para siempre a la identidad argentina y posteriormente inspiraron la creación de la bandera nacional.
La escarapela representa la unión, la identidad nacional y el sentimiento patriótico de los argentinos. Sus colores simbolizan la pertenencia a la Nación y forman parte de las tradiciones escolares, militares y oficiales del país.
Aunque no existe un documento histórico definitivo que explique el origen exacto de los colores, la versión más aceptada indica que el celeste y blanco ya eran utilizados por los patriotas durante la Revolución de Mayo y luego fueron adoptados oficialmente por Manuel Belgrano para representar al nuevo sentimiento nacional.
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