Siempre fui de contextura un poco más grande que las demás chicas. Jamás pude comprar una prenda de vestir que sea XS, S o incluso M. Desde chica me obsesionaba con esto, ya que mis amigas siempre fueron más delgadas, más petisas, más todo. Físicamente, muy diferentes a mí. Y yo quería ser como ellas.

Nunca me puse a pensar en la gordofobia; es un concepto que, en general, es desconocido para la mayoría. Sí, podemos intuir que es el miedo, el rechazo a los gordos. Pero dejame contarte que es mucho más que eso, y que es muy probable que vos también (como lo descubrí yo) seas un gordófobo.

Los que luchan contra la gordofobia no buscan defender ni la gordura ni la obesidad. Se trata de aprender a amarse a sí mismo, rechazar los estándares de belleza impuestos por la sociedad y no sentir culpa por ser como se es.

Todos buscamos encajar, pertenecer, ser aceptados. Pero cuando eso no pasa, hay hombres y mujeres que llegan a odiarse por la frustración. Ese odio a sí mismos llega a la autoflagelación (en diversas formas) e incluso al suicidio.

gordofobia

Quiero enfocar este artículo en mi experiencia personal, porque leer sobre la gordofobia hizo que me dé cuenta de mis propios prejuicios y de cómo la sociedad nos empuja a ellos. Vamos como las ratas del flautista de Hamelin hacia donde los estándares sociales nos lleven.

No soy gorda, nunca lo fui. Sí tuve sobrepeso, que no se notó mucho debido a mi contextura física. Igualmente, sufrí discriminación por esto, incluso de mis seres queridos. Y sé que lo hicieron sin darse cuenta. Pero es necesario que abramos los ojos, porque lo que yo sufrí no se compara en lo más mínimo a lo que sufren muchas personas con obesidad o un cuerpo que se considere “normal”.

Hace dos años aproximadamente, Facebook me recordó (como todos los días) mi actividad de años anteriores. En una de mis publicaciones, pude ver que desde 2009 (año en el que abrí mi cuenta) ya estaba haciendo dieta y quejándome de que me veía gorda. En esa época tenía 23 años. Me puse a pensar y me di cuenta de que desde los 19 años más o menos, es decir, hace ¡10 años! que hago dieta. Cada tanto, reducía mis comidas a lo mínimo, buscaba esas dietas mágicas de internet o caía en el consultorio de un nutricionista que me miraba con cara de “¿qué hacés acá?”. Yo, sinceramente, no lo veía.

Claro, no era -y nunca iba a ser- como esas mujeres que veía en las revistas o en la tele, como mis amigas o como el modelo de mujer que pensaba que tenía que ser. Pero no me gustaba mi cuerpo, no me sentía atractiva, subía y bajaba de peso todo el tiempo.

A partir del fallecimiento de mi mamá en 2013, empecé a comer más. Estaba con un bajón muy grande y no me importaba mi aspecto físico. A lo largo de los años, subí entre 20 y 25 kg. Para ser sincera, lo único que me molestaba de haber engordado era que no me entraba la ropa que antes usaba y que no salía como quería en las fotos. Siempre todo muy banal.

Hasta que empecé a vivir la gordofobia. Y ahí pude ponerme en la piel de miles de personas que la sufren en la cotidianeidad, como algo que hay que soportar simplemente porque no te tocó ser flaco.

Tengo la suerte de tener una pareja que siempre me acompañó -a pesar de que era una tortura, ahora sabrán por qué- a comprar ropa. Salir de shopping conmigo era (¡y es!) entrar de tienda en tienda, buscar algo que me guste y tener siempre que preguntar por talles más grandes (porque nunca exhiben esa ropa, ¿queda mal en el perchero?). “Mmmmm… no, ropa como para vos no tenemos, sólo lo que está ahí”. O lo que es peor: “Dale, te traigo”, y venían con un supuesto “talle más”, que para mí era como pasar de un XS a un S. ¡No me iba a entrar jamás! Llega un momento en que uno piensa que se lo hacen a propósito. Como diciendo: te debería entrar esto, fijate cómo hacés.

El final era siempre el mismo: frustración, enojo y reconozco que incluso hubo veces en que traté mal a varias personas. Nunca entendí cómo hacían las personas de mayor tamaño que yo para comprar ropa o ropa interior. ¿Adónde van? ¿Por qué no puedo comprarme la ropa que quiero y me tengo que conformar con lo que hay para mi talle, si es que hay? Y les cuento algo: el mayor talle que usé fue XXL. Y fue por un año, más o menos. Hasta el día de hoy, uso XL. No es ropa grande, es ropa NORMAL.

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Pero sentirse excluido por la industria de la moda es sólo el comienzo, la punta del iceberg de la gordofobia.

Te pinto una situación hipotética, analizala y reflexioná sobre tu respuesta. Dos personas se presentan a una entrevista de trabajo. Las dos tienen el mismo CV, mismo conocimiento, mismas aptitudes. ¿A quién contratarías, a la persona gorda o la flaca? ¿Por qué? Sé sincero con vos mismo: ¿a cuál de las dos te gustaría ver en el escritorio trabajando todos los días?

Ser gordo hace que automáticamente, las personas se crean con derecho a opinar sobre tu cuerpo. Qué deberías hacer, qué no. Te miran comer, te miran con asco. A la sociedad le dan asco los gordos. “No es saludable que estés así, tenés que adelgazar”. ¡Pero los análisis me dan bárbaro!

En el cine, los gordos suelen hacer siempre de gordos: sus personajes están condicionados por sus cuerpos. Tiene que haber al menos una referencia en la película sobre su obesidad. Los pocos que llegan a ser protagonistas, es porque el personaje requiere que quien lo interprete sea gordo; sino, sería una de las últimas opciones o, directamente, no sería una opción. No vende, ¿cierto?

El cuerpo de un gordo no es una enfermedad ni un estado en tránsito: es SU cuerpo. Es el cuerpo que tiene hoy y ahora, y se merece el mismo respeto que el tuyo. Es el cuerpo que baña, que viste, que tiene sexo, que camina, que trabaja. Y no va a cambiar por que alguien piense que no debería tenerlo. ¿Por qué no debería tenerlo? ¿Por qué no se puede ser gordo? ¿Cuánto te molesta?

¿Te pusiste a pensar lo que debe sentir una persona que no cabe en un asiento del colectivo, o de un avión? “Que baje de peso”, es lo que piensan. “¿Quién lo manda a engordar?”. Imaginate vivir con el tormento de una sociedad que te grita en la cara que tu cuerpo no está hecho para los estándares de belleza o tamaño. Que el que está mal sos vos, que no encajás.

La opresión de los cuerpos hegemónicos es terrible. Te invito a seguir en las redes y ver la página de Stop Gordofobia, para ver experiencias de miles de personas que la sufren y entender que incluso con lo mínimo, se puede ser gordófobo. Los que no son gordos, no se dan cuenta del daño que hacen. Se supone que los que lo son, deben modificar su cuerpo para adaptarse a lo que la sociedad quiere que sean. Pero ésa una idea tuya, no mía. Yo quiero quererme, quiero aceptarme, quiero gustarme. A MÍ.

 

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Aprendí mucho todo este tiempo. Hoy, soy quien soy, me acepto, me amo. Bajé de peso, sí, pero no porque me viera fea. No porque no me aceptara. Fue una decisión personal, como la de no adelgazar, y ambas están bien, porque lo hice por mí. Sin embargo, todo el tiempo mis seres queridos ven mis fotos viejas (de cuando era mucho más flaca) y dicen que no pueden creer lo flaca (y linda) que era en otras épocas. Cuando ven mis fotos de hace un tiempo (cuando era más gorda), me dicen “ahora estás linda”. Me da pena que piensen así, porque incluso con sobrepeso, nunca pensé que no lo era. Y me doy cuenta de que no lo dicen con mala intención, sino porque no comprenden que lo que sale de su boca es la horrenda concepción de que mi cuerpo es lo que vos veas y sientas respecto de él, no importa cómo me vea o me sienta yo.

Tenemos tan metido en la cabeza que ser gordo es feo, malo, poco saludable, que incluso preferimos interactuar con flacos. Y me incluyo, porque hasta hace un tiempo ni siquiera era algo que pensaba: si iba a una oficina pública, prefería que me atienda la flaca, porque la gorda seguramente era mala onda. Me da asco haber pensado así, pero no me martirizo; entiendo que es producto de la sociedad en la que vivimos y tiene que haber algo que nos haga darnos cuenta. En mi caso, fue haberlo sufrido. En el tuyo, espero que sea esta nota.