Por: María Belén Carballeira,
María Florencia Gramajo Medina,
Fátima Grosso, Rocío Pascual
y Mariela Vorburger


Celina salió de su trabajo  el 20 de abril para ir al oculista. Caminó solo tres cuadras hasta llegar al consultorio. En el mostrador, cuando la secretaria le pidió el carnet de la obra social, Celina buscó en su mochila la billetera, pero no la encontró. Revolvió otra vez: definitivamente no estaba.

Llamo al diario La Capital, su lugar de trabajo,  para chequear que no la hubiera dejado olvidada en su escritorio, aunque estaba muy segura de que había salido con ella. Le contestaron que no, que ahí no estaba. Concluyó entonces en que alguien se la había robado. De manera casi quirúrgica se podría decir, porque en ningún momento sintió un roce o un tirón.

La consulta al oculista pasó a un segundo plano y decidió ir enseguida a hacer la denuncia a la Comisaría 2º, ubicada en Paraguay y San Juan. Celina necesita un carnet de identificación para ingresar a su oficina. Además del documento y de las tarjetas, en su billetera tenía distintas credenciales que usa para trabajar. Para poder reponerlas, era fundamental una denuncia de hurto por cada una de ellas, en especial por el carnet profesional.

En la comisaría, el policía de turno se dispuso -de mala manera, según Celina- a tomar su testimonio para dar registro de lo sucedido. Finalmente, lo hizo, pero con una diferencia: en todos los comprobantes de la denuncia, en vez de hurto decía “extravío”.

Celina se quejó, adujo que ella no había perdido nada. Que su billetera estaba en la mochila y se la sacaron en la calle. «O te quedas esperando al sumariante o te vas con la denuncia de extravío”, le respondió el policía.

Las víctimas recurren a la comisaría más cercana para realizar la denuncia, pero ésta no siempre es registrada como se debe.

Si el hurto denunciado no es tomado como tal en las comisarías o Centros Territoriales de Denuncia, nunca figurará dentro de los registros oficiales del Ministerio Público de la Acusación (MPA), simplemente porque el extravío no configura un delito del tipo penal.

Según el MPA, se recibieron en Rosario 1749 denuncias por hurto en 2018, de las cuales solo 30 corresponden a la categoría “arrebato en la vía pública”.

En lo que va del 2019 fueron 2906 las denuncias por hurto y de ellas, solo 53 se catalogan en lo anteriormente nombrado.  De un año a otro, aumentaron un 60%  las denuncias por hurto pero, sin embargo, las de arrebato aumentaron un 0,1%.

A la problemática de la confusa consideración de los agentes policiales al momento de tomar la denuncia, se suma otro factor que complica a las estadísticas: de las personas consultadas para esta investigación, más del 80% confirmó haber sufrido un hurto en el último año y no denunciarlo.

Florencia Blotta es la sub-secretaria de Estudios Técnicos y análisis criminal del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Santa Fe. Según la funcionaria “siempre hay un porcentaje de lo que se denomina “cifra negra”, es decir, lo que no se denuncia.  Se pueden tener criterios al registrar una cuestión u otra.”

En 2016, la Subsecretaría de Estadística Criminal perteneciente al Ministerio de Seguridad de la Nación, explicó en la revista Pensamiento Penal, la manera de interpretar las estadísticas publicadas. Las diferentes interpretaciones pueden variar “por una disminución de la verdadera cantidad de hurtos; una disminución de la proporción de víctimas de este delito que lo denuncian a la policía, porque, por ejemplo, confían menos en su capacidad de detener a los culpables y recuperar los bienes robados; y/o una disminución en la predisposición de la policía en aceptar denuncias por este tipo de delito, porque, por ejemplo, no lo considera como de mayor relevancia o urgencia.”

A Rocío le pasó lo mismo que a Celina. Después de bajarse del colectivo, su billetera no estaba en la mochila. Al realizar la denuncia en la Comisaría 2°, el efectivo a cargo le respondió: “¿Estás segura de que te la robaron? ¿No la perdiste? Igual, te la voy a tomar como extravío porque en el colectivo no hay cámaras y no puedo comprobar lo que decís”. Como Celina, Rocío estaba segura de que al salir de su casa, llevaba a su billetera con ella.

A la “cifra negra” del delito y a la subjetividad que los efectivos tienen para tomarlas, se les suma otro factor fundamental. Durante el 2019, las comisarías de la ciudad comenzaron a cerrar y sus funciones las empezaron a cumplir los Centros Territoriales de Denuncias (CTD). Esteban Santantino, Director de Planificación Estratégica de Seguridad, fue contactado para que dé su opinión sobre esta investigación reiteradas veces y, tras acceder a una entrevista personal, no se presentó. Sin embargo, explicó al diario “La Capital” en una nota publicada el 16 de septiembre de este año, el motivo por el cual las comisarías dejan de funcionar. Santantino reconoció públicamente que los vecinos no conseguían que en la comisaría les tomaran la denuncia o les enviaran un patrullero cuando llamaban.

Gabriel Chumpitaz, concejal del frente Juntos por el Cambio, opina que “los Centros Territoriales de Denuncia son una buena alternativa porque las comisarías son simples casas donde se cumplen horarios administrativos”. Además, argumenta que la propia población decide no ir a denunciar por desconfianza.

Fernanda Gigliani, concejal por el Partido Iniciativa Popular, considera que los CTD fueron creados debido a la desconfianza de la sociedad a la hora de radicar una denuncia en las comisarías, pero que la principal falencia es que sus horarios de atención son acotados y que “al vecino no le roban a una hora fija, el sistema está diseñado para que la gente desista”.

Eduardo Toniolli, concejal  del Partido Justicialista, argumenta que los cierres de comisarías fueron medidas espasmódicas con insuficiente explicación a la sociedad. Para él, los hurtos pueden quedar subregistrados porque no es un “delito confiable” y, en este sentido, sostiene que a las estadísticas se las puede hacer decir “lo que uno quiere”. Además, fundamenta que sin comisarías el ciudadano se siente “desamparado”.

Tal  como les ocurrió a Rocío y Celina, Ana, Tamara y Mailén fueron hurtadas en la vía pública y al momento de querer hacer la denuncia en la comisaría, los oficiales se las tomaron como extravío.

Lo que sucede pareciera ser obvio. Las denuncias son tomadas en otra categoría que no es de tipo penal y por ende, los registros solicitados a diferentes instituciones a cargo de estadísticas no reflejan los números reales. Durante la investigación, se consultaron distintos organismos tales como los CTD, el Gobierno de Santa Fe, el Sistema Nacional de Investigación Criminal (SNIC) y el MPA.

Los informes son incongruentes entre sí, es decir, no hay concordancia. Si bien son instituciones de diferentes jerarquías -municipales, provinciales y nacionales- todas poseen el mismo inconveniente que se ha tornado un obstáculo a la hora de llevar adelante el trabajo: la categoría “otros”.

Asimismo ningún funcionario está capacitado para explicar que hay detrás de esa denominación, ni qué denuncias se registran. Por otra parte, en el informe obtenido del CTD, hay un total de 6837 denuncias recibidas en el año 2018 y el 33%  figura bajo la categoría otros.

Los entrevistados no estaban al tanto de la existencia de dicha categoría y, desde el MPA, aseguran que es un “error humano”. Pero, sin embargo, de 2906 hurtos del año 2019 el 50% se registran bajo “otros”. Entonces ¿es verdaderamente un error humano?

Según un informe realizado por el MPA entre 2014 y 2017, se registraron en la provincia 143.982 denuncias bajo la carátula “su denuncia”. Esta denominación sería una equivalencia a “otros”. Sin embargo, es llamativo el número: solo supera esta categoría la sumatoria de las denuncias de robo, que son 150.814. Asimismo, en ese período de tiempo, se registraron 55.301 hurtos.

Por otro lado, el Ministerio de Seguridad de la Nación, muestra que Rosario es la ciudad con mayor cantidad de hurtos en la provincia de Santa Fe. Durante el 2018, se registraron 3638 hurtos y dicho número, es mayor que el publicado por el MPA y los CTD.

En Rosario, existen 32 comisarías que cubren a lo largo y ancho el territorio. Debido al plan de refuncionalización de las mismas, algunas han cerrado y otras están por hacerlo. Por eso, los CTD pasarán a suplir sus tareas. Sin embargo, hasta el momento son solo 7 y aunque están ubicados en puntos estratégicos, continúan siendo una cantidad relativamente baja para la ciudad. Esteban Santantino, dice que los CTD son solo “relevos” que dan las respuestas que las comisarías no daban, como por ejemplo y dicho anteriormente, tomar una denuncia.

La desconfianza en los efectivos policiales impulsa a los ciudadanos a no acercarse a las comisarías y por ende, las denuncias no se realizan. Blotta, del Ministerio de Seguridad de la provincia de Santa Fe, afirma que las comisarías tienen más aspectos negativos que positivos y agrega: “los ciudadanos van a hacer la denuncia; los comisarios no se las toman porque no quieren o porque están haciendo otra cosa.”